Secretos, racismo y el viaje de una hija para desenterrar la memoria de su padre entre la Guinea de 1970 y el presente.
Por Claudia Benitez
HoyLunes – Esta lectura se inscribe dentro de la serie «Leo por ti», un espacio impulsado por HoyLunes. Este esfuerzo es un gesto íntimo y contemplativo: permanecer junto al texto, dejar que sus resonancias emerjan y permitir que la palabra escrita encuentre su propio tiempo para decir lo que aún puede sugerir.
El color de la verdad es una obra en la que la escritora Rosa Boliart entrelaza dos tiempos narrativos —1970 y 2022— para construir una historia marcada por la memoria, los secretos familiares y las huellas del colonialismo. A través de este vaivén temporal, la autora invita al lector a reflexionar sobre la justicia, la discriminación racial y la manera en que la verdad se construye y se percibe en una sociedad atravesada por prejuicios y desigualdades, logrando que el lector no solo siga la historia, sino que también cuestione sus propias creencias.
La autora nos lleva a la Guinea Ecuatorial de los años setenta, un país convulso sometido a la dictadura de Francisco Macías Nguema. Allí, Bernat Casals, tras acumular fracasos de toda clase, decide aceptar una oferta de trabajo en una empresa maderera. Pronto se ve enfrentado a un entorno hostil, marcado por: duras condiciones laborales, desconfianza hacia sus compañeros y un clima constante de violencia e inseguridad política. Esta decisión, tomada desde la frustración y el deseo de huir, se convierte en el punto de inflexión que marcará su destino y cuyo secreto acabará condicionando el presente de su familia.
En este contexto, Bernat conoce a Melibea, una joven de la etnia fang, con quien establece un vínculo profundo que trasciende lo personal y se transforma en el detonante de una cadena de acontecimientos insospechados. A través de esta relación, la novela aborda el choque cultural, el racismo, la desigualdad y las consecuencias de un sistema opresivo, centrándose en un conflicto donde la verdad se ve distorsionada por intereses personales, apariencias y estereotipos. Los personajes, cuidadosamente construidos, muestran distintas posturas frente a la injusticia: algunos luchan por revelar la verdad, mientras otros optan por ocultarla para proteger su posición o sus creencias.
La segunda línea temporal se sitúa en 2022 y tiene como protagonista a Mariona, hija de Bernat. Su vida aparentemente estable se ve alterada por dos hechos coincidentes: el nacimiento de su nieto y la muerte de su padre. El testamento de su padre reabre las heridas del pasado al incluir la petición de esparcir sus cenizas en Guinea Ecuatorial, despertando preguntas que habían permanecido ocultas durante décadas. Mariona se ve obligada a emprender un viaje físico y emocional para descubrir el secreto que su padre llevó a la tumba.
El lenguaje es directo y accesible, lo que facilita la comprensión del mensaje sin restarle profundidad.
La tensión narrativa se mantiene a lo largo de la historia, impulsando al lector a continuar hasta el desenlace, donde la verdad finalmente sale a la luz, aunque no sin consecuencias. Cada capítulo aporta nuevos elementos que enriquecen la trama y profundizan los temas centrales: la segregación, la búsqueda de equidad y la importancia de la remembranza, se transforman en una reflexión sobre la identidad, la herencia familiar y la necesidad de enfrentar la verdad —incómoda pero imprescindible— para construir una sociedad más justa.
Uno de los aspectos más destacados de la obra es la forma en que la autora denuncia el racismo estructural y la desigualdad sin caer en discursos moralistas. A través de situaciones concretas y emociones auténticas, muestra cómo el color de piel y el origen social influyen en la manera en que las personas son juzgadas. Este enfoque humaniza los problemas sociales que se presentan y los acerca a la realidad cotidiana, haciendo que el mensaje resulte más potente y significativo.
La verdad y la injusticia no se muestran como realidades absolutas, sino como construcciones condicionadas por el contexto social, las relaciones de poder y la experiencia personal. En este sentido, El color de la verdad se presenta como una obra intensa y comprometida que invita al lector a mirar de frente las consecuencias del silencio y comprender la verdad como un concepto complejo y cambiante, evidenciando cómo una misma situación puede interpretarse de maneras muy distintas según quién la viva.

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