En un mundo que consume imágenes a la velocidad del olvido, una conversación puede ser un acto de resistencia. Nos sentamos con Rosalía Omil para hablar de ‘Jacqueline. La liberté’. Lo que comenzó como una entrevista sobre un documental se transformó, sin avisar, en algo más raro y necesario: una conversación sobre el silencio, la ética de mirar sin intervenir y la urgencia de espacios donde el arte no se promociona, sino que se cuida.
HoyLunes — Por Ehab Soltan
(Una cafetería discreta. Luz natural. No hay grabadoras visibles. Rosalía observa la calle unos segundos antes de hablar. El ritmo es otro. Nadie tiene prisa.)
HoyLunes
‘Jacqueline. La liberté‘ no pide permiso moral al espectador. Como directora, ¿cuál fue tu mayor miedo al decidir no intervenir ni explicar la decisión de Jacqueline?
Rosalía
Mi miedo no era moral. No me preocupaba que el público estuviera de acuerdo o no con Jacqueline. Mi miedo era estar a la altura de la confianza que ella me dio.
(Entrelaza lentamente los dedos. No dramatiza.)
Cuando alguien te deja entrar en un momento tan íntimo y trascendental de su vida, el verdadero riesgo es traicionar eso intentando convertirlo en un mensaje o en una lección. Intervenir o explicar habría sido, de alguna manera, apropiarme de algo que no era mío.
Mi responsabilidad era acompañarla. Estar presente. Respetarla.
No traducir su decisión ni justificarla para los demás.
Quería que se viera y se sintiera tal como es: con toda su complejidad, sus silencios, sus dudas, su ritmo. Confiar en que el espectador pudiera recorrer su historia sin que yo interfiriera.

HoyLunes
En el rodaje tomaste una decisión técnica muy concreta: cámaras pequeñas, sin luces. ¿Cómo lograste que Jacqueline olvidara la lente?
Rosalía
Tanto José Val Bal como Lisa Zi Xiang, productores de ‘Jaqueline. La liberté’, y yo, tuvimos claro desde el principio que el dispositivo no podía invadir. Rodamos con una GoPro —luego fueron dos— porque no queríamos que Jacqueline se sintiera observada ni rodeada por un equipo.
Al principio, claro, la cámara estaba ahí. Se notaba.
Pero fueron seis meses de rodaje.
(Una breve pausa. Se oye una taza apoyarse en una mesa cercana.)
Con el tiempo dejó de ser “la cámara”. Pasó a ser una presencia más.
Importaba mucho más lo que estábamos viviendo que el hecho de que estuviera siendo filmado.
HoyLunes
La película incomoda porque no ofrece consuelo ni pedagogía. ¿Tuviste la tentación de explicar?
Rosalía
Sí, claro. Explicar siempre tienta, sobre todo cuando sabes que es un tema que genera miedo o juicio.
Pero me di cuenta —y José Val Bal también, desde el montaje— de que explicar era una forma de controlar lo que el espectador debía sentir.
El silencio no es una estrategia estética.
Es una forma de respeto.
Jacqueline no necesitaba que yo tradujera su decisión. Necesitaba que yo estuviera ahí.

HoyLunes
Has dicho que esta experiencia te acompañará toda la vida. ¿Cómo te ha cambiado como actriz?
Rosalía
En algo muy concreto: ahora escucho más.
Como actriz, a veces llegas con muchas ideas sobre el personaje. Esta experiencia me enseñó el valor de no anticipar, de dejar que el otro te modifique.
(Mira un punto fijo de la mesa, como si midiera el recuerdo.)
También me ayudó a suavizar el drama que rodea a la muerte. Vivir algo así te coloca frente a lo esencial. Te recuerda que la vida está pasando ahora.
Eso cambia la forma de estar en escena. Hay menos artificio, menos ansiedad por “hacer”, y más disponibilidad para que las cosas sucedan.
Para una actriz, eso lo cambia todo.
HoyLunes
Después de algo tan vital, ¿cómo cambia tu relación con la ficción?
Rosalía
La ficción no se vuelve más pequeña. Se vuelve más exigente.
Ahora sigo buscando la verdad emocional incluso en escenas muy construidas. Me interesa menos “hacer bien” una escena y más entender qué necesita ese personaje para existir.
En las series que he hecho, aunque fueran personajes de reparto, la aproximación ha sido la misma: entrega total.
Para mí no hay personajes pequeños, solo miradas más o menos profundas sobre ellos.
HoyLunes
Después de dirigir, ¿es más difícil volver a dejarse dirigir?
Rosalía
No. Son procesos distintos.
Llevo años trabajando como actriz y estoy acostumbrada a ponerme en manos de un director. Me encanta ese intercambio.
La dirección ha sido un aprendizaje que suma, no que interfiere. Me ha dado más herramientas y más empatía hacia quien dirige.
HoyLunes
En un texto publicado en nuestra web escribiste: *“Una vida no se resume, se recorre”*. ¿Es esa tu filosofía como artista?
Rosalía
Sí. Totalmente.
Si no profundizas en una persona, si no la atraviesas con tiempo y rigor, se queda plana. No llegas a conocerla.
Dirigiendo ´Jacqueline. La liberté´ lo entendí muy claramente: para comprender su decisión no bastaban los datos ni una explicación rápida. Había que escuchar su cuerpo, sentir sus tiempos, mirar su pasado, ver cómo cambió ella y cómo cambió la sociedad.
Cuando sintetizas demasiado, te quedas en la idea de las cosas, no en la experiencia.
Y a mí, tanto actuando como dirigiendo, me interesa eso: el proceso, lo que no es evidente.
Las personas no somos un titular.
Ni en la vida ni en el cine.

HoyLunes
Te mueves entre producciones grandes y proyectos muy íntimos. ¿Dónde sientes que está tu verdadera voz?
Rosalía
No lo vivo como mundos separados.
Soy actriz. Es mi profesión. Pero también estudié realización y ayudantía de dirección porque el otro lado de la cámara siempre me llamó.
Ahora estamos preparando un segundo largometraje documental con el mismo equipo, en un formato pequeño, artesanal, muy pegado a la realidad.
(Se inclina ligeramente hacia adelante.)
A mí lo que me mueve es contar historias que hablan de la sociedad en la que vivimos. El cine puede señalar, acompañar y transformar. Es muy fuerte sentir que estas películas remueven conciencias y que hay gente que respira al verlas, porque entiende que no está sola, que somos más y que sí hay salida.
Mi sueño no es elegir entre actuar o dirigir.
Es poder sostener ambas cosas.
HoyLunes
Vivimos un tiempo de prisa constante. ¿Qué le dirías a tus compañeros de oficio sobre la necesidad de espacios que hablen de cine con calma?
Rosalía
Que son imprescindibles.
No para ir en contra de nada, sino para equilibrar. Vivimos rodeados de estímulos y a veces perdemos la capacidad de parar y dejar que algo nos atraviese de verdad.
El arte necesita tiempo, silencio y reflexión. Si no, las películas pasan… pero no se quedan.
El día del estreno solo pedí una cosa al público: que dejaran las prisas fuera y entraran en el ritmo de una mujer de 86 años.
Porque ese ritmo —si llegamos— será también el nuestro.
(Silencio. No incómodo. Necesario.)

HoyLunes
Quizá por eso hacen falta lugares donde el cine no venga a promocionarse, sino a cuidarse. Espacios donde los artistas no tengan que justificarse para ser fieles a sí mismos.
Rosalía
(Una leve sonrisa, casi imperceptible.)
Eso sería un refugio muy necesario.
HoyLunes
Eso es lo que intentamos construir.
No un escaparate.
Un lugar donde el arte pueda quedarse un poco más…
y donde quienes lo hacen puedan recuperarse del ruido.
(Fuera, la ciudad sigue acelerada. Dentro, el tiempo ha cambiado de densidad.)
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