El Interés Desinteresado

Un recorrido fascinante que cruza la sabiduría sufí, el imperativo categórico de Kant y la gran pantalla para descifrar los verdaderos motores de la acción humana en tiempos de inteligencia artificial.

 

 

Por Elia Villalba

HoyLunes – En el entorno Sufí se narra la historia de una mujer considerada santa, llamada Râbi´a. que durante su juventud llevó una vida distraída, pero que luego enmendó sus pasos. Se dice que un día un gran maestro se cruzó con ella y observó que en una mano llevaba un cubo de agua y en la otra un haz de leña, el sabio le preguntó a donde iba y ella le respondió: «Con el cubo de agua voy a apagar el infierno y con la leña voy a quemar el paraíso, con el propósito de que ya nunca nadie en la tierra adore a Dios por miedo al infierno o por deseo de ir al paraíso. Solo quiero que todos adoren a Dios teniendo como única motivación el Amor».

Esta gratuidad en el actuar siguiendo la máxima “hacer lo correcto es lo correcto” amparándose en un sentido del deber sin buscar contraprestación alguna y considerando que el premio va implícito en la ejemplaridad de la acción por la satisfacción natural que el actuar bien nos debiera reportar, encuentra su traducción filosófica en el imperativo categórico de Kant, con la salvedad de que el filósofo alemán lo aísla de cualquier emotividad, apoyándolo exclusivamente en la razón .

Este desapego en la actuación tiene su máximo exponente en el mundo hindú, prueba de ello es la afirmación que Yogananda hace en su libro ‘Donde brilla la luz’: «Aquellos que consideran al mundo entero como su hogar, y que realmente se preocupan y trabajan por lograr la prosperidad de su comunidad o del mundo… adquieren la prosperidad individual que legítimamente les pertenece. Esta es una ley infalible y secreta».

Y la universalidad del mensaje queda rubricada con esta bella poesía de autor anónimo que es casi una oración: “No me mueve Señor para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido, para dejar por ello de ofenderte…” para terminar diciendo “muéveme en fin, tu amor y en tal manera, que aunque no hubiera cielo yo te amara y aunque no hubiera infierno, te temiera”.

Caminar sin mirar el destino ni el premio: la libertad íntima de elegir la bondad como un fin en sí mismo.
Caminar sin mirar el destino ni el premio: la libertad íntima de elegir la bondad como un fin en sí mismo.

Ningún acto humano está impulsado exclusivamente por la pura bondad. 

— Fernando Fernán Gómez (en Plenilunio).

Sin embargo, lo cierto es que en nuestro día a día la mayoría de nuestras acciones están motivadas por aspectos diferentes al propio hecho de hacerlas y es que, como le decía muy sabiamente Fernando Fernán Gómez en su papel de sacerdote a Manuel, el inspector de policía protagonista de la genial película ‘Plenilunio’, interpretado por Miguel Ángel Solá : Ningún acto humano está impulsado exclusivamente por la pura bondad.

Tendríamos que ser robots insensibles para poder actuar de manera tan aséptica como exige el dictado moral que venimos tratando, conducta esta, sin embargo, que quizás pueda encajar con la clara tendencia actual que nos dibuja un futuro cada vez más tecnológico y domotizado en el que la inteligencia artificial lo tiñe todo.

No obstante, como se deduce del mensaje expresado al final de la película ‘1984’ basada en la novela del mismo título, hay algo inaprensible en el espíritu humano que jamás podrá ser manipulado; «la mejor parte», esa que no nos puede ser quitada.

Related posts

Leave a Comment

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad