Más allá de la simple gestión: por qué la democracia actual exige líderes con integridad vocacional, asesores experimentados y un control ético de los resultados.
Por Ester Rodríguez
HoyLunes – Actualmente somos liderados por un conjunto de políticos elegidos por la ciudadanía como representantes del pueblo, en el mantenimiento, la gestión y la administración de los recursos públicos. Estos representantes, según el ordenamiento jurídico, deben velar por el interés general de los ciudadanos y mantenerse dentro de una ética profesional de servicio al pueblo y no a sus propios intereses. Aunque cualquier ciudadano puede ser político, siempre que cumpla los requisitos legales, en la práctica muchos han estudiado carreras como Ciencias Políticas, Economía, Derecho o Relaciones Internacionales, etc., porque estas disciplinas ayudan a entender cómo funcionan las instituciones, la sociedad, la economía y la comunicación pública.
Pero ¿realmente para poder gobernar y liderar un país con éxito basta con tener esos conocimientos?
A pesar de tener unos políticos muy preparados, la ciudadanía cada vez está más insatisfecha porque siente que, independientemente de quién gobierne, no es realmente escuchada y que sus principales problemas, como el acceso a la vivienda, la situación económica, la inmigración o el paro, no han sido gestionados ni solucionados correctamente.
Creo que es necesario reflexionar y preguntarse: ¿Tenemos líderes o gestores? ¿Cómo necesitamos que trabajen?
Desde hace lustros, parece que nuestros políticos se comportan más como simples gestores porque, aunque se encargan de mantener cuentas, gestionar datos, mantener el orden a través del cumplimiento de las leyes y tomar decisiones, en general parece que evitan realizar grandes reformas que traigan cambios importantes para los ciudadanos. Quizás para mantener el barco a flote el máximo tiempo posible antes de que se hunda y así no tener que sacrificar sus cargos y los intereses de su partido político.
Sin embargo, los líderes, cuando un barco empieza a hacer aguas, en vez de ponerse a achicar de forma indefinida, dirigen el barco hacia donde sea necesario para salvarlo.

Son personas ‘sin complejos’ que se atreven a reconocer, llegado el caso, que no tienen el conocimiento suficiente para resolver todos los problemas y que necesitan ayuda de personas con ciertos conocimientos que les ayuden a solucionar o tratar el tema en cuestión. Podrían ser abogados, profesores, militares, médicos, etc., con una larga experiencia profesional y una visión más elevada del problema, que realmente puedan aportar soluciones para ayudar a los ciudadanos.
Escuchar y valorar a quienes tienen más experiencia se ha hecho desde siempre. Los pueblos de la Confederación Haudenosaunee, en América del Norte, se organizaban mediante distintas estructuras políticas. Entre ellos destacaban el jefe de paz y de guerra, el Gran Consejo y un grupo de mujeres sabias llamadas “Las Madres del Clan”. Estas mujeres desempeñaban un papel político y conocían bien a los líderes que estaban en el poder y podían nombrarlos o destituirlos cuando no desempeñaban bien su trabajo o se volvían ambiciosos o corruptos.
Se podría tomar como ejemplo su forma de organizarse y contar con personas de distintos roles que se dediquen a aconsejar a los políticos y a ayudarles a ejecutar los proyectos en los que sea necesario contar con ellas.
Serían personas conocidas por su forma de trabajar y por su trayectoria profesional y que quieran cooperar.
No se trata de cambiar la democracia, todo lo contrario, pero sí deberíamos estar especialmente interesados en mejorarla si vemos claramente que ahora no está funcionando como debería.
Deberíamos preocuparnos de que los políticos sean personas íntegras, con vocación de ayudar y mejorar la vida de los ciudadanos. Además, debería ser un trabajo como cualquier otro y el sueldo tendría que estar vinculado, en parte, al cumplimiento de ciertos objetivos, como hacen en las grandes empresas.
Se trataría de fijar unos objetivos que combinaran las promesas electorales, los presupuestos aprobados, el grado de cumplimiento y los resultados obtenidos, teniendo en cuenta si han existido situaciones que justifiquen su incumplimiento. A su sueldo base se le sumarían complementos salariales en función del trabajo realizado y de los resultados, no por promesas incumplidas.
Incluso sería interesante que se pudiera adaptar la figura de las “Madres del Clan”.
Podría haber un grupo de psicólogos o especialistas que valoraran si los políticos reúnen ciertas cualidades o requisitos obligatorios para representar a los ciudadanos, como la honradez, la integridad, la empatía, la responsabilidad, la autocrítica, el compromiso social, el coraje, la capacidad para negociar. Estas cualidades podrían evaluarse periódicamente mediante sesiones especiales y controlar que se siguen cumpliendo estos requisitos y detectar posibles desviaciones.
Si queremos solucionar de verdad los problemas actuales, la solución no es solo elegir gobernantes, sino asegurarnos de que quienes llegan al cargo sientan una verdadera vocación de servicio al pueblo.
Creo que sería un buen método para evaluar y controlar a nuestros políticos. Si queremos solucionar de verdad los problemas actuales, quizá la solución no sea solo elegir a nuestros gobernantes, sino también asegurarnos de que realmente los candidatos que llegan a los cargos quieran trabajar y esforzarse por mejorar nuestro país y nuestro bienestar. Para ello, la única forma sería cambiar su método de retribución, controlar que se ejecuten las reformas y se adopten medidas efectivas, y poner a su alcance más medios y personas que puedan aportarles experiencia real.

