El laberinto de la cronicidad: Por qué el presupuesto no basta para vaciar las salas de espera.

El aumento del gasto sanitario no siempre se traduce en una atención más rápida: entender por qué las listas de espera resisten exige mirar más allá de los presupuestos.

 

HoyLunes – Durante la última década, el gasto sanitario en España ha crecido de forma sostenida. Los presupuestos autonómicos reflejan incrementos anuales, se anuncian planes de refuerzo y se incorporan nuevas tecnologías. Sin embargo, las listas de espera —quirúrgicas, diagnósticas y de consultas— siguen ocupando un lugar central en la preocupación ciudadana. La pregunta, repetida y legítima, es sencilla: ¿por qué no disminuyen al ritmo esperado?

La respuesta, como suele ocurrir en los sistemas complejos, no reside en un único factor ni en una mala decisión concreta. Tiene que ver con «cómo funciona realmente el sistema sanitario cuando se le añaden recursos», y con los límites estructurales que no se corrigen únicamente con inversión.

El tiempo clínico: el único recurso que la tecnología y el presupuesto no pueden fabricar.

Cuando el aumento de recursos genera más demanda

Uno de los fenómenos mejor documentados en salud pública es el llamado «efecto de demanda inducida». A medida que se amplía la capacidad diagnóstica o asistencial, emergen necesidades previamente latentes. Pacientes que antes no accedían al sistema lo hacen ahora; patologías infradiagnosticadas comienzan a detectarse; los criterios de derivación se afinan.

Lejos de ser un fracaso, este proceso refleja «una mejora en el acceso», pero tiene una consecuencia directa: el sistema absorbe rápidamente la nueva capacidad disponible. Organismos como la OCDE llevan años señalando que «más recursos no implican automáticamente menos presión», especialmente en sistemas públicos universales.

El tiempo clínico como factor limitante

A diferencia de otros sectores, la sanidad no puede escalar su productividad de forma ilimitada. Cada consulta, cada acto clínico y cada intervención requieren tiempo humano cualificado. Aumentar plantillas es necesario, pero no inmediato: la formación, la experiencia y la adaptación al entorno clínico no se aceleran por decreto.

Además, una parte creciente del tiempo profesional se destina a tareas no asistenciales: gestión, registro, coordinación interinstitucional y adaptación normativa. El resultado es una paradoja conocida por los propios profesionales: más actividad global, pero no necesariamente más tiempo efectivo por paciente.

La Organización Mundial de la Salud ha identificado este fenómeno como uno de los principales retos de los sistemas sanitarios modernos.

Complejidad vs. Tecnología: el desafío de humanizar la cronicidad en la era digital.

Envejecimiento y complejidad: el cambio silencioso

Otro elemento clave es el perfil de la población atendida. El envejecimiento progresivo no solo incrementa el número de pacientes, sino «la complejidad de cada caso». Pacientes pluripatológicos, tratamientos prolongados y seguimiento continuo consumen recursos de forma acumulativa.

Este cambio demográfico altera los tiempos de espera incluso cuando el número de actos asistenciales aumenta. El sistema hace más, pero cada proceso requiere más coordinación y más seguimiento.

Datos del Ministerio de Sanidad muestran que el incremento de actividad no siempre se acompaña de una reducción proporcional de las listas.

Tecnología: aliada necesaria, solución incompleta

La digitalización y la innovación diagnóstica han mejorado la precisión y la capacidad de detección, pero también han generado nuevos flujos asistenciales. Pruebas más accesibles generan más indicaciones, más resultados que evaluar y más decisiones clínicas posteriores.

La experiencia europea muestra que la tecnología «redistribuye la carga», pero no la elimina. El Observatorio Europeo de Sistemas Sanitarios advierte que sin cambios organizativos profundos, la tecnología por sí sola no reduce la presión asistencial.

Resiliencia estructural: el sistema sanitario se adapta, pero sus cimientos exigen un nuevo diseño.

Una cuestión de diseño, no de voluntad

Las listas de espera no son únicamente un problema de recursos, ni una consecuencia directa de una mala gestión puntual. Son el reflejo de un sistema que responde a más necesidades, con mayor complejidad y bajo límites humanos difíciles de sortear.

Entender esta realidad no significa resignarse, sino «afinar el diagnóstico». Porque solo cuando se reconoce que el problema es estructural —y no meramente presupuestario— es posible plantear soluciones que vayan más allá del corto plazo.

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