La lectura en España: Cuando los porcentajes ocultan la crisis de comprensión

Más lectores, menos profundidad: la política cultural no puede ignorar la brecha entre hábito y competencia

 

HoyLunes – El reciente ‘Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2025’, presentado por el Ministerio de Cultura con gran énfasis en cifras ascendentes, invita a celebrar que leer es cada vez más frecuente. Sin embargo, este relato oficial —centrado en porcentajes de hábito— oculta un problema profundo: «leer no es lo mismo que comprender en profundidad».

Celebrar que el 76.9 % de la población joven lea por ocio es una buena noticia. Confundir ese indicador con la salud intelectual de una sociedad, no lo es.

Leer más no es comprender mejor: la paradoja de la “analfabetización funcional”

El informe equipara implícitamente «cantidad de lectura con calidad cognitiva», una asociación que la evidencia científica desmiente. La política cultural basada en datos aislados pierde de vista la dimensión crítica de la lectura.

Mientras el Barómetro celebra el porcentaje de jóvenes lectores, los resultados del «Informe PISA 2022 de la OCDE» muestran a España con una puntuación media de «474 puntos en comprensión lectora», una cifra que ha caído respecto de años anteriores y se sitúa por debajo de niveles deseables de competencia en análisis de textos complejos.

Ese divorcio entre hábito y competencia no es anecdótico. El fenómeno conocido como «analfabetización funcional» —personas que “leen”, pero tienen dificultades para interpretar, analizar o criticar textos extensos— está documentado en múltiples evaluaciones internacionales. La ausencia de esta discusión en el Barómetro limita la utilidad real de sus conclusiones.

Leer no siempre es entender

El espejismo digital y la economía del libro

El Barómetro recoge con naturalidad que más del 50 % de lectores digitales descargan libros gratuitamente. Presentarlo sin análisis contextual es una omisión significativa. La descarga gratuita puede ser expresión de acceso, pero también refleja «precariedad económica del sector editorial» y la persistencia de fenómenos de piratería que afectan a autores, traductores y pequeñas editoriales.

Celebrar el crecimiento de la lectura digital sin relacionarlo con la sostenibilidad del sector editorial es un enfoque que mezcla estadísticas con deseos, pero no ofrece soluciones reales para la economía de la cultura.

Desigualdad territorial: la lectura no es igual en todas partes

El informe menciona que la lectura depende del lugar donde se vive, pero evita entrar en detalle sobre la «brecha entre zonas urbanas y rurales». El dato de que casi el 30 % de la población acude a bibliotecas suena bien hasta que se pregunta qué ocurre en localidades pequeñas sin infraestructuras modernas.

Una «nota media alta en valoración de bibliotecas» tiende a reflejar infraestructuras bien dimensionadas en grandes ciudades. Esa misma media puede ocultar una falta de acceso real en zonas rurales, donde el servicio bibliotecario es limitado o inexistente. Hablar de “acercarse a niveles prepandemia” sin mapear esta desigualdad territorial es, como mínimo, insuficiente.

Leer más no significa entender mejo

El mito del joven lector y la erosión de la lectura profunda

Que los jóvenes sean —sobre el papel— el grupo que más “lee” no responde a la pregunta crucial: «qué leen y con qué profundidad cognitiva lo hacen».

El Barómetro no distingue entre formatos y prácticas lectoras. Un hilo de redes sociales o una lectura fragmentada de textos ligeros no ejercitan los mismos circuitos cognitivos que la lectura exigente de textos complejos. Este fenómeno —«la sustitución de la atención sostenida por consumo fragmentado»— ha sido objeto de creciente atención en estudios de neurociencia y educación, que muestran que el procesamiento superficial de textos puede debilitar habilidades críticas como la inferencia compleja o la síntesis argumental.

Normalizar cualquier forma de consumo de texto como equivalente a lectura profunda diluye el valor social de la competencia lectora y, simultáneamente, limita la ambición de las políticas culturales que deberían fomentar pensamiento crítico, no solo ocio.

Lectura como herramienta de ciudadanía y ascenso social

Más allá de su función recreativa, la lectura es una herramienta de formación cívica, profesional y social. Sin embargo, el enfoque del informe la trata principalmente como «producto de consumo cultural». El dato de que el 82 % de personas con estudios universitarios leen en contraste con aproximadamente el 41 % entre quienes tienen estudios primarios señala una realidad: «la lectura sigue siendo un marcador de clase», no un derecho democratizado.

Una política cultural que no articule estrategias específicas para reducir esta brecha —con indicadores que vayan más allá del hábito, como la comprensión profunda, el acceso equitativo o la calidad de los fondos bibliográficos en contextos desfavorecidos— corre el riesgo de reproducir desigualdades.

Hacia un índice de lectura que tenga sentido real

Si el objetivo del Ministerio de Cultura es medir no solo lo que se hace, sino «lo que se entiende y transforma», es necesario proponer métricas complementarias:

Un «Índice de Calidad de Lectura» que combine comprensión profunda con diversidad temática y complejidad textual.

Auditorías regulares de acceso bibliotecario en localidades pequeñas y medianas.

Indicadores de lectura crítica en contextos formativos que reflejen no solo hábito, sino competencia real.

Medir hábitos sin medir comprensión es como cuantificar meteoros sin observar el clima: puede generar titulares, pero no políticas robustas.

Nada pedagógico, nada “infantil»

Estadística sin ilusión no basta

Los datos del ‘Barómetro de Hábitos de Lectura 2025’ confirman que leer como hábito de ocio tiene una presencia creciente en España. Pero «leer mucho no garantiza pensar mejor». La política cultural no puede contentarse con porcentajes ascendentes si no articula métricas que reflejen la salud cognitiva, la equidad de acceso y la sostenibilidad cultural de las prácticas lectoras.

España necesita tanto lectores como «pensadores lectores». Sin esa distinción, la narrativa oficial celebra cifras que, vistas con atención crítica, no cuentan toda la historia.

 

Fuentes consultadas

OCDE – ´PISA 2022: Competencia lectora en España´
[https://efe.com/espana/2023-12-05/espana-informe-pisa/] ([EFE Noticias]

Ranking de competencias lectoras por comunidades autónomas – Informe PISA 2022
[https://amp.rtve.es/noticias/20231205/pisa-2022-ranking-comunidades-autonomas/2464647.shtml] ([amp.rtve.es])

Datos comparativos históricos de PISA 2022 vs periodos anteriores
[https://www.fundacionareces.es/recursos/doc/portal/2018/03/20/indicadores-comentados-sistema-educativo-espanol-2024.pdf]([fundacionareces.es])

 

#LeerNoEsComprender

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