Por qué sanar la fachada no es suficiente: un viaje desde los sótanos del trauma hasta la terraza panorámica de la autorrealización.
Por Ana Rosa Rodríguez.
HoyLunes – Durante décadas, en el área de la salud mental se han venido implementando programas destinados a la sanación de estados de sufrimiento en el orden psico emocional y afectivos.
Han sido intentos sostenidos en reparar grandes grietas superficiales en la estructura del esquema mental de las personas, pintando de nuevo las paredes de la personalidad, mientras, se ha ignorado que el edificio tiene un acceso directo al cielo, recinto sagrado donde reposa un cofre celestial repleto de tesoros que son herramientas a la orden de quien las invoca, representado metafóricamente en lo que se conoce como la ‘Supraconsciencia’.
El basamento mental y funcional con el cual se estructura la personalidad, es cuando la persona logra consolidarse para alcanzar los niveles de autorrealización y trascendencia, para satisfacer la demanda de las necesidades básicas de orden biológico y además, logra reunir argumentos, conocimientos y elementos suficientes en el reconocimiento de sí mismo que le garanticen un sentido de pertenencia, de filiación, de seguridad física y emocional, logrando equilibrio biológico y psicológico en general. Tal como un edificio, si la estructura fundacional no está bien cimentada todo el diseño superior por más hermoso y pintoresco que parezca se vendría abajo.

Intentar acceder a estados elevados de consciencia, sin atender aspectos internos desde la ética personal y la autenticidad, es como construir un rascacielos en arena movediza. Sería un esfuerzo inútil, ya que la verdadera trascendencia no consiste en escapar de lo que somos, sino en purificar los cimientos desde los cuales observamos el mundo.
En la mente humana, esa estructura se ve reflejada en los hábitos de la cotidianidad, la autorregulación del sistema nervioso, la aceptación e interpretación, tanto de sus limitaciones como de sus más elevadas potencialidades que faciliten niveles óptimos de bienestar integral.
Mientras que la terapia convencional trata con esmero el tema donde se ha originado el caos mental, así como quién se dedica a ordenar los muebles y cachivaches dentro de una habitación oscura, cual prisionero que se dedica a contar los ladrillos de su celda, habitando el encierro de su propia crisis producto de una lucha interna por los condicionamientos mentales externos, destructivos, violentos y negativos.
En cuanto al enfoque transpersonal este propone ir un poco más allá y no solo intervenir para reparar exclusivamente la fachada, los niveles conscientes, las expresiones de actitudes y conductas visibles como si la mente fuese el sótano, ese lugar oscuro y húmedo donde se almacena lo que ha originado la crisis, tales como traumas infantiles, miedos, heredados, necesidades insatisfechas y deseos reprimidos.
Si bien es cierto que es válido reparar las grietas y corregir la humedad del sótano para que la estructura no se hunda, también es importante reconocer que no es suficiente remendar un engranaje de tuberías deterioradas, revivir viejos recuerdos, restaurar objetos oxidados y polvorientos y rebuscar en esos rincones donde se encuentran las reliquias de la casa, esas leyendas viejas que guardan guiones desgastados; airear espacios donde se siente la presión de respirar un aire reciclado, donde la tensión en el estómago ahoga, el ritmo cardiaco se acelera y una urgencia por continuar el círculo vicioso del pensamiento negativo que se manifiesta como vía de solución una y otra vez.

Es necesario traspasar el umbral de ese lugar donde priva estrictamente lo racional, donde habita el reino del ego de la mente consciente y donde se deben abordar otros espacios más elevados que esos donde se trajina con los pensamientos necesarios y urgentes del día a día como el cimiento que sostiene la estructura del yo: “yo tengo”, “yo debo”, “yo voy”. Es aclarar que la salud mental no trata solo de mostrar una fachada limpia y aparentemente funcional, mientras la persona se siente vacía y los resultados de las gestiones de su experiencia vital son nefastos para sí mismo y para su entorno.
En la terapia transpersonal donde se toma en cuenta la ‘Supraconsciencia’, se pasa de la habitación cerrada a la terraza panorámica, liberando el cuerpo y la mente de la oscuridad y la amenaza de quedar atrapados en un cerco o celda; comprendiendo además, la trampa de la mente, abandonando la sensación de ser víctima del espacio para ser el arquitecto que sostiene los planos, para darse la oportunidad de incursionar en el proceso de ingeniería llamado desidentificación, observar el laberinto desde un plano superior encontrando la puerta de salida de forma natural, desde la calma de la cima en el cielo mismo; aunque en la planta baja exista una tormenta de ruidos, preocupaciones y juicios incomprensibles. En la terraza de la ‘Supraconsciencia’ el cielo y la calma siempre están presentes.
Un programa para promover la salud mental bajo un enfoque vanguardista implica dejar de ser simple habitante de una crisis para convertirse en el diseñador de una estructura mental, donde la paz sea el resultado de una actitud en perspectiva, donde los símbolos inconscientes marquen la pauta de actos individuales de autovaloración y acciones propias de una dinámica de convivencia estrictamente humana, vital y positiva; donde las manifestaciones del arte, la belleza, la comprensión empática, la justicia, la bondad, y el amor universal sean el escenario para que la vida se revele con una iluminación asombrosa.

La salud mental florece cuando el habitante se da cuenta que es el arquitecto maestro, que la luz que ilumina su interior es la misma que ilumina a toda la humanidad y contactarla es su tarea si quiere una transformación estructural en el jardín del palacio de su espacio interior: su consciencia.
El proceso terapéutico es transformar al individuo, de un inquilino asustado, temeroso y ansioso, en un arquitecto soberano que escoge la habitación más espléndida, coexistiendo con la divinidad del espíritu.
La arquitectura de tu libertad: Una invitación a mirar hacia arriba
“No te quedes triste contando tus lágrimas bajo un cielo sin estrellas. En la arquitectura de la mente y lo sagrado de tu consciencia, el único límite real es la altura a la que te atreves a mirar”.

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