Un viaje sin anestesia por el Madrid de las expectativas rotas, donde Marina descubre que ser la «niña buena» es la trampa más peligrosa del amor.
HoyLunes – Esta lectura forma parte de la serie «Leo por ti», donde en ‘HoyLunes’ leemos, sin consignas y sin expectativas, con la única intención de que los libros sigan generando conversación más allá de sus autores.
«Leer, aquí, no es juzgar ni recomendar: es quedarse a escuchar lo que una historia todavía tiene que decir cuando el ruido del presente se apaga».
Hay un momento exacto, justo antes de que el café se enfríe o de que el último metro cierre sus puertas en Madrid, en el que una mujer se mira al espejo y no se reconoce. En ese reflejo habita Marina, la protagonista de esta historia, alguien que llegó a la capital con la maleta llena de sueños y terminó llenándola de pedazos de sí misma que otros fueron rompiendo.

María Gómez de Castro no nos ofrece un cuento de hadas; nos lanza un salvavidas de realidad. La autora, con su mirada curtida en las tablas del teatro y la agudeza de quien sabe escribir comedia desde el dolor, nos presenta una pregunta que es casi un manifiesto: ¿Si el amor no duele, esto qué coño es?
La historia de Marina es el mapa de un laberinto emocional. Es la crónica de cómo la presión de la gran ciudad y el mandato invisible de complacer —de ser esa «niña buena» que nunca molesta— terminan por vaciar el alma. A través de relaciones que se sienten como arena entre los dedos, vemos a una Marina que se pierde para, paradójicamente, empezar a encontrarse.

No es solo un libro sobre el desamor; es un viaje radical hacia el autodescubrimiento. Hay humor, sí, porque sin él la verdad sería insoportable. Hay sinceridad cortante, de esa que escuece pero desinfecta. Y, sobre todo, hay una exploración de los límites: ¿cuánto estamos dispuestos a soportar antes de decidir que nuestra libertad emocional no es negociable?
Gómez de Castro traslada su destreza como dramaturga a las páginas, logrando que cada diálogo y cada silencio de Marina resuenen como si estuviéramos sentados con ella en una pequeña mesa de Malasaña, confesándonos que, a veces, para ser libre, hay que atreverse a mandar todo a la mierda.

La última frontera del afecto
Al cerrar este libro, uno comprende que el amor propio no es una meta, sino una resistencia. La travesía de Marina nos enseña que las cicatrices no son solo marcas de guerra, sino las costuras que mantienen unido nuestro nuevo yo, uno más sabio, más fiero y, sobre todo, más auténtico. Al final, la respuesta a la pregunta del título es simple: si duele, no es amor; es el ruido de nuestras propias cadenas rompiéndose.
#AmorSinCadenas HoyLunes, #María Gómez de Castro,





