La inauguración de una planta industrial para un robot quirúrgico en Cataluña vuelve a poner sobre la mesa una cuestión clave: no basta con innovar, hay que saber incorporar esa innovación al sistema de salud.
Por Ehab Soltan
HoyLunes – España suma un nuevo hito en su ecosistema de tecnología sanitaria: la inauguración en El Prat de Llobregat de una planta de producción dedicada a Bitrack, un robot quirúrgico desarrollado por la empresa Rob Surgical. El acto, presidido por el Ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, simboliza algo más que la apertura de una fábrica: refleja el paso de un proyecto tecnológico a una «fase industrial con ambición de mercado europeo».
La planta —500 metros cuadrados y una capacidad inicial estimada de entre 15 y 20 unidades anuales— marca el inicio de una etapa en la que desarrollo, regulación, producción y futura adopción clínica empiezan a solaparse. Es precisamente en ese cruce donde surgen las preguntas relevantes para el sistema sanitario.

Del laboratorio al quirófano: el tramo más complejo
Bitrack se encuentra en la fase final del proceso de obtención del «marcado CE», requisito imprescindible para su comercialización en la Unión Europea. Sin embargo, en la práctica, el marcado CE es solo el primer umbral. A partir de ahí, cada comunidad autónoma debe evaluar, autorizar y decidir si incorpora la tecnología a su cartera de servicios, un proceso que, según reconocen gestores sanitarios y organismos internacionales, puede prolongarse durante años.
Este desfase temporal entre aprobación regulatoria y adopción clínica efectiva es una de las principales barreras silenciosas para la innovación sanitaria en España.
El desarrollo del sistema ha seguido el itinerario clásico de la tecnología médica avanzada: validación clínica progresiva, adaptación al entorno real del quirófano y diálogo constante con centros hospitalarios. Nada de esto es trivial. La robótica quirúrgica no es solo una cuestión de precisión técnica, sino de «integración organizativa».
Cada nueva tecnología plantea decisiones complejas a los hospitales: inversión inicial, formación de equipos, compatibilidad con infraestructuras existentes y evaluación de impacto clínico real. En este punto, herramientas como la «Compra Pública de Innovación (CPI)» —diseñada precisamente para facilitar la incorporación de tecnología desarrollada en el país— se revelan clave, aunque su uso en sanidad sigue siendo limitado y desigual entre territorios.
El propio diseño del sistema —pensado para cirugía mínimamente invasiva en áreas como urología, ginecología o gastroenterología— apunta a una estrategia clara: «no exigir quirófanos dedicados ni modelos de uso excluyentes», una de las barreras habituales para la adopción de cirugía robótica en hospitales medianos o con recursos limitados.
Industria sanitaria nacional: oportunidad y responsabilidad
Rob Surgical prevé invertir alrededor de 50 millones de euros en los próximos años para industrialización, lanzamiento comercial y ampliación de capacidades del sistema, además de un crecimiento significativo de su plantilla. Más allá de las cifras, el proyecto ilustra una tendencia relevante: España no solo quiere investigar en salud, sino fabricar tecnología sanitaria propia.
Este enfoque no es menor. Diversos análisis europeos señalan que el uso de tecnología sanitaria producida localmente puede reducir de forma significativa los costes asociados al mantenimiento, la actualización de software y la dependencia de proveedores externos, además de reforzar la soberanía tecnológica del sistema público de salud frente a soluciones importadas de alto coste.
Sin embargo, la experiencia internacional muestra que «fabricar tecnología no garantiza automáticamente su adopción clínica». Entre ambos puntos median decisiones regulatorias, presupuestarias y organizativas que no siempre están alineadas con el ritmo de la innovación.

Gobernanza y liderazgo en una fase crítica
Desde mediados de 2025, la compañía ha reforzado su estructura de gobernanza con la incorporación de un perfil directivo con experiencia internacional en el ámbito medtech. No es un detalle menor. En tecnología sanitaria, el momento previo a la entrada en mercado suele ser el más delicado: confluyen presión regulatoria, expectativas industriales y necesidades clínicas reales.
Aquí emerge una cuestión de fondo que trasciende a una empresa concreta:
«¿están preparados los sistemas sanitarios para absorber innovación propia con la misma agilidad con la que la producen?»
Más allá del acto institucional
La presencia de representantes gubernamentales en la inauguración subraya la dimensión estratégica del proyecto. Pero el verdadero impacto no se medirá en metros cuadrados ni en discursos, sino en algo mucho más tangible: si esta tecnología logra integrarse de forma eficaz, sostenible y equitativa en los hospitales.
La robótica quirúrgica promete precisión, eficiencia y mejores resultados, pero también obliga a repensar modelos de compra pública, formación profesional y evaluación de valor. En ese terreno, la decisión importa tanto como la innovación.
España demuestra que puede desarrollar y fabricar tecnología sanitaria avanzada. El siguiente desafío —menos visible, pero decisivo— es «cómo decide incorporarla a su sistema de salud sin generar nuevas desigualdades, retrasos administrativos ni cuellos de botella territoriales».

Fuentes de referencia y contexto
Ministerio de Industria y Turismo (España):
[https://www.mincotur.gob.es]
Comisión Europea – Medical Devices Regulation (MDR):
[https://health.ec.europa.eu/medical-devices-sector_en]
Ministerio de Ciencia e Innovación – Compra Pública de Innovación:
[https://www.ciencia.gob.es]
OCDE – Innovation in Health Systems:
[https://www.oecd.org/health]
European Observatory on Health Systems and Policies:
[https://eurohealthobservatory.who.int]
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