Niels Ryberg Finsen: el hombre que quiso curar con luz

Del escepticismo de Copenhague al Premio Nobel de 1903: la historia épica del médico danés que desafió la lógica clínica de su tiempo para fundar la fototerapia moderna y curar lo incurable con rayos invisibles.

 

 

Por Jorge Alonso Curiel

Hoylunes – En una época en la que la medicina buscaba sus respuestas en jarabes extraños, cirugías brutales y teorías todavía en construcción, un médico danés se atrevió a una idea casi herética: que la luz —algo tan cotidiano como el sol de cada día— podía convertirse en una herramienta capaz de curar. Aquel hombre era Niels Ryberg Finsen (1860–1904), nacido en Tórshavn, Islas Feroe, y fallecido en Copenhague, Dinamarca. Su empeño por demostrarlo lo llevó a enfrentarse al escepticismo de sus colegas, a la incomprensión de su tiempo y, finalmente, a inaugurar un campo entero de la medicina: la fototerapia moderna. Un héroe con una idea simple y radical a la vez: la luz podía ser medicina.

A finales del siglo XIX, una de las enfermedades más desfigurantes y difíciles de tratar era el lupus vulgaris, una forma cutánea de tuberculosis. Provocaba lesiones graves en la piel, especialmente en el rostro, y condenaba a muchos pacientes al sufrimiento físico y al aislamiento social.

Finsen, formado en Copenhague, observaba algo que otros pasaban por alto: algunos pacientes mejoraban cuando estaban expuestos a la luz solar. En lugar de considerar esto una curiosidad sin importancia, decidió hacer algo poco habitual en su época: investigar la luz como herramienta terapéutica de forma sistemática.

Más que sol: la ingeniosa ingeniería de Finsen para domesticar y dosificar la luz ultravioleta.

La idea ingenua

Sus contemporáneos no recibieron con entusiasmo esta idea que parecía tan simple. No porque estuviera equivocado en los resultados, era más bien porque su propuesta chocaba con la lógica médica dominante. ¿Cómo podía algo tan cotidiano como la luz convertirse en un tratamiento curativo?

Lo que desconocían era que Finsen trabajaba desde la experimentación rigurosa. Diseñó dispositivos capaces de concentrar ciertos tipos de luz —especialmente la ultravioleta— y filtró otras radiaciones que podían ser dañinas. Su objetivo no era solamente “exponer al sol”; su propósito trataba de convertir la luz en una herramienta controlada y dosificada.

Entre la duda y el laboratorio

Así, durante años, su trabajo fue visto con cautela. No era rechazado por completo, pero tampoco aceptado con facilidad. En parte, porque los resultados tardaron en consolidarse, y en parte porque su enfoque parecía demasiado “físico” para la medicina clínica predominante.

Pero Finsen insistió. Y los resultados empezaron a llegar.

Pacientes con lupus vulgaris tratados con su método mostraban mejoras reales, curándose las lesiones y hasta deteniéndose la progresión de esta enfermedad y, en algunos casos, se lograba la curación total. Lo que había empezado como una sospecha se transformó en evidencia.

De la desfiguración a la esperanza: la evidencia tangible que silenció al escepticismo.

El nacimiento de la fototerapia moderna

El trabajo de Finsen dio origen a lo que hoy conocemos como fototerapia, es decir, el uso de la luz como tratamiento médico.

Además, fundó un instituto en Copenhague dedicado exclusivamente a estos tratamientos, donde atendió a cientos de pacientes. Allí la luz dejó de ser un fenómeno natural para convertirse en una herramienta clínica con protocolos, tiempos y dosis.

Su contribución fue decisiva. Por primera vez, la medicina trataba la luz de esta manera.

El reconocimiento que llegó a tiempo, aunque con mucho esfuerzo

A diferencia de otras figuras que murieron en el anonimato, Finsen recibió reconocimiento en vida. En 1903 obtuvo el Premio Nobel de Medicina, un hito que confirmó internacionalmente la validez de su trabajo.

No obstante, este reconocimiento no borra del todo la sensación de que su camino fue cuesta arriba. Durante años tuvo que defender su método frente al escepticismo, demostrar resultados y luchar por financiación e institucionalización.

En ese sentido, no fue un “olvidado”, pero sí un pionero que tuvo que insistir más de lo habitual para ser tomado en serio.

El legado brillante: cómo la idea de Finsen sigue iluminando la medicina moderna, desde la dermatología hasta la neonatología.

Una vida corta, un legado largo

Finsen murió en 1904 en Copenhague, con apenas 44 años, víctima de una enfermedad crónica que limitó su vida durante años. Su final prematuro dio a su figura un aire casi trágico: el científico que luchó contra la enfermedad, pero que no pudo escapar de su propio deterioro físico.

A pesar de su corta vida, su impacto fue profundo. Hoy su legado sigue vivo en múltiples campos como la dermatología, los tratamientos con luz ultravioleta, la fototerapia neonatal o la fotobiomodulación (terapia que utiliza luz de baja intensidad para estimular procesos biológicos en el cuerpo, promoviendo la curación y reduciendo el dolor).

Finsen es un ejemplo más de alguien adelantado a su tiempo que resultó una pieza clave en el avance de la humanidad y que sus coetáneos no supieron entender.

Una vez más, y como ha sucedido en otras ocasiones, lo necesario no llega en forma de fármaco.

Jorge Alonso Curiel. Periodista, redactor, escritor, crítico cinematográfico, fotógrafo. Licenciado en Filología Hispánica. Socio del Círculo de Escritores Cinematográficos

#JorgeAlonsoCuriel #NielsFinsen #Fototerapia #Medicina #LuzComoMedicina #PremioNobel #LupusVulgaris #HistoriaMedicina #Copenhague #Pionero #Dermatología #SaludHumana #HoyLunes

Related posts

Leave a Comment

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad