Por qué la confianza es más importante que la tecnología
La velocidad sin confianza es solo un camino más rápido hacia el colapso.
Por Ehab Soltan
HoyLunes – La inteligencia artificial está transformando las organizaciones a una velocidad revolucionaria. Sin embargo, una de las principales investigadoras mundiales en gestión de la confianza y el conocimiento está convencida: la tecnología por sí sola no determina si las empresas tienen éxito a largo plazo.
A lo largo de su carrera, la Prof. Dr. hab. Joanna Paliszkiewicz ha investigado qué mantiene resilientes a las organizaciones cuando cambian la tecnología, los mercados y la sociedad. Mucho antes de que la inteligencia artificial se convirtiera en el tema dominante en las juntas directivas, analizó las condiciones humanas que deciden el éxito o el fracaso de las transformaciones. Como directora del Instituto de Gestión de la Universidad de Ciencias de la Vida de Varsovia (WULS–SGGW), su investigación se centra en dos fuerzas fundamentales: cómo se crea, comparte y preserva el conocimiento en las organizaciones, y por qué la confianza, y no la tecnología, es el verdadero pilar de cualquier organización que funcione.
En esta conversación de la serie Global Minds, la Prof. Paliszkiewicz aborda la inteligencia artificial no como una mera innovación técnica, sino como un desafío profundamente humano. Explica por qué la eficiencia no sustituye a la eficacia, qué ocurre con el pensamiento crítico cuando las decisiones se delegan en el software y por qué la tecnología transforma los sistemas, pero solo el liderazgo transforma a las personas.
La inteligencia artificial está transformando las organizaciones a un ritmo inédito. ¿Dónde ve la mayor oportunidad y cuál es el mayor riesgo que los directivos siguen subestimando?
La inteligencia artificial suele describirse como una revolución tecnológica, pero creo que su verdadero significado reside en otra parte. Nos desafía a redefinir lo que significa ser humano en el entorno laboral. La mayor oportunidad no está en la automatización, sino en la ampliación de nuestras capacidades (aumento). La IA puede liberarnos de tareas rutinarias, expandir nuestras capacidades analíticas y ayudarnos a resolver problemas que antes estaban fuera de nuestro alcance. Utilizada correctamente, la IA ofrece a las personas más tiempo para la creatividad, la innovación, el pensamiento estratégico y la construcción de relaciones.
El mayor riesgo es que las organizaciones empiecen a confundir la eficiencia con la eficacia. Cuando los directivos empiezan a gestionar a las personas principalmente a través de algoritmos, paneles de control e indicadores de rendimiento, corren el riesgo de reducir a los empleados a simples puntos de datos. La empatía, el diálogo y la confianza no se pueden automatizar.
Igualmente preocupante es la posibilidad de que los empleados empiecen a confiar en la IA para cada respuesta y decisión. Con el tiempo, una dependencia excesiva de los sistemas inteligentes puede debilitar el pensamiento crítico, erosionar la confianza en la propia experiencia y desincentivar el juicio autónomo. La IA debe potenciar la inteligencia humana, no reemplazar la responsabilidad, la autoconciencia o la sabiduría.
Cuando los directivos empiezan a gestionar a las personas principalmente a través de algoritmos, corren el riesgo de reducir a los empleados a simples puntos de datos.

Un eje central de su investigación es la confianza. ¿Cómo pueden las organizaciones generar y preservar la confianza de empleados, clientes y la sociedad cuando la IA se integra cada vez más en los procesos de toma de decisiones?
La confianza se ha convertido en la infraestructura invisible de la economía digital. Sin confianza, incluso la tecnología más avanzada tendrá dificultades para generar un valor real.
Las organizaciones no deben tratar la confianza como un subproducto de la tecnología, sino como un activo estratégico que requiere inversiones deliberadas. La transparencia sobre el funcionamiento de los sistemas de IA, la rendición de cuentas por las decisiones, la protección de datos y unos estándares éticos claros son esenciales. Sin embargo, la confianza surge en última instancia del comportamiento humano. Los empleados confían en los directivos que comunican con honestidad. Los clientes confían en las organizaciones que actúan de manera responsable. La sociedad confía en las instituciones que anteponen la dignidad humana a la factibilidad técnica.
La tecnología puede apoyar la confianza, pero solo las personas pueden crearla realmente.
El conocimiento suele presentarse como el recurso más valioso de las organizaciones modernas. ¿Por qué a tantas instituciones les sigue costando preservarlo, compartirlo y utilizarlo de manera eficaz?
En el fondo, la gestión del conocimiento nunca ha sido una cuestión de tecnología. Las organizaciones disponen de bases de datos, plataformas en la nube y sistemas de IA cada vez más sofisticados. Sin embargo, el conocimiento suele quedar atrapado en la cabeza de personas individuales o en departamentos aislados.
El verdadero desafío es de carácter cultural. Las personas comparten su conocimiento cuando se sienten psicológicamente seguras, respetadas y valoradas. Lo comparten cuando la dirección recompensa la colaboración en lugar de la competición interna. El conocimiento crece a través del diálogo, no del almacenamiento. El futuro pertenece a aquellas organizaciones que entienden que el conocimiento no es mera información: es un proceso vivo que nace de las relaciones, la experiencia y el aprendizaje continuo.
La tecnología transforma los sistemas; el liderazgo transforma a las personas.

Muchas empresas invierten masivamente en nuevas tecnologías, pero mucho menos en la cultura organizacional. ¿Puede tener éxito una transformación digital sin una transformación paralela del liderazgo, los valores y las relaciones humanas?
Una transformación digital no puede ser sostenible si no cambia al mismo tiempo la forma en que las personas piensan, colaboran y dirigen.
La tecnología transforma los sistemas; el liderazgo transforma a las personas. Las organizaciones digitales más exitosas no son necesariamente las que tienen el software más reciente, sino aquellas en las que los directivos crean una visión inspiradora, fomentan la experimentación y promueven una cultura basada en la confianza y el aprendizaje. Si los valores permanecen inalterados mientras la tecnología evoluciona, las empresas suelen descubrir que su transformación digital se limita a una simple digitalización, sin que se produzca una verdadera transformación.
Vivimos en una era de acceso ilimitado a la información, pero de atención limitada. ¿Qué habilidades humanas serán aún más valiosas en la próxima década?
A medida que la inteligencia artificial se vuelve más capaz de procesar información, las habilidades únicamente humanas cobrarán aún más valor.
El pensamiento crítico, el juicio ético, la creatividad, la inteligencia emocional, la adaptabilidad y el aprendizaje a lo largo de la vida seguirán siendo indispensables. Igualmente crucial será la capacidad de construir relaciones significativas, tejer redes profesionales, inspirar la colaboración y generar confianza entre personas de diversos orígenes y culturas.
El futuro no pertenecerá a quienes posean más datos. Pertenecerá a quienes sepan conectar el conocimiento con la sabiduría, la tecnología con la humanidad y la innovación con la confianza.
¿Están cambiando las universidades lo suficientemente rápido como para preparar a los estudiantes para un futuro moldeado por la IA y el constante cambio tecnológico?
Las universidades se enfrentan hoy a una de las mayores transformaciones de su historia. Por suerte, muchas instituciones están realizando un esfuerzo considerable para preparar tanto al personal docente como a los estudiantes para la era de la inteligencia artificial. El personal académico recibe formación exhaustiva, los planes de estudio se están revisando y la IA se integra cada vez más en la docencia y la investigación.
Sin embargo, el ritmo del desarrollo de la IA es extraordinario. La educación siempre ha evolucionado, pero nunca antes el conocimiento se había quedado obsoleto tan rápido como hoy. Las universidades se enfrentan a un desafío continuo: no solo deben seguir el ritmo del cambio tecnológico, sino preparar a los graduados para tecnologías que hoy ni siquiera existen.
Nuestra responsabilidad va más allá de enseñar el simple uso de la IA. Debemos ayudar a los estudiantes a aprender a cuestionar de manera crítica, formular preguntas inteligentes, tomar decisiones éticas, colaborar de forma interdisciplinaria y aprender a lo largo de toda su vida. Los graduados con más éxito no se limitarán a operar la IA: sabrán cuándo confiar en ella, cuándo cuestionarla y cuándo el juicio humano es indispensable.
¿Qué tema emergente en el campo de la gestión del conocimiento o la IA cree que merece mucha más atención pública?
Hay un área que merece mucha más atención: la IA de confianza aplicada a la gestión del conocimiento (*Trustworthy AI for Knowledge Management*).
Dado que las organizaciones se basan cada vez más en información generada por IA, debemos formular preguntas fundamentales: ¿Cómo verificamos el conocimiento generado por IA? ¿Cómo distinguimos la información fiable de afirmaciones convincentes pero falsas? ¿Y cómo preservamos la memoria organizacional cuando el conocimiento surge cada vez más de las interacciones entre personas y máquinas?
Estas cuestiones no son solo tecnológicas: son filosóficas, éticas y de gobernanza. Moldearán el futuro de las organizaciones inteligentes.
¿Ha habido en su carrera académica algún hallazgo o experiencia que haya cambiado fundamentalmente su comprensión de las organizaciones o del comportamiento humano?
A lo largo de mi carrera, una observación se ha mantenido sorprendentemente constante a través de países, sectores y culturas: las organizaciones tienen éxito gracias a la confianza, no a pesar de la incertidumbre.
Las tecnologías cambian. Los mercados evolucionan. Las estructuras organizativas se transforman. Pero las personas solo colaboran de forma sostenible, innovan y comparten su conocimiento si confían unas en otras. Esta constatación cambió fundamentalmente mi labor de investigación. Ya no veo la confianza como una variable más, sino como el cimiento sobre el que descansan la innovación, el intercambio de conocimientos, el liderazgo y la resiliencia organizacional.
Comience cada iniciativa de IA con una pregunta sencilla: ¿Cómo mejorará esto la vida humana?

Si pudiera recomendar una sola medida práctica a directivos, responsables políticos y educadores para utilizar la IA de forma responsable, ¿cuál sería?
Comience cada iniciativa de IA con una pregunta sencilla:
¿Cómo mejorará esto la vida humana?
Si la IA hace que las organizaciones sean más eficientes pero deja a las personas con menos autonomía, menos valoradas o menos capaces de pensar por sí mismas, habremos errado el objetivo.
La IA responsable no consiste solo en excelencia técnica. Se trata de garantizar que la tecnología potencie el potencial humano, preserve la dignidad, respalde decisiones éticas y cree valor a largo plazo para la sociedad.
¿Qué mensaje le gustaría transmitir a los jóvenes investigadores que aspiran a hacer una contribución significativa en un mundo en rápida transformación?
Mantengan la curiosidad. Mantengan la valentía. Pero, sobre todo: manténganse dignos de confianza.
El progreso científico nunca ha nacido de la certeza absoluta. Surge del cuestionamiento, la apertura de mente, la colaboración y la humildad intelectual. Tiendan puentes entre disciplinas, culturas y generaciones. Recuerden siempre que cada descubrimiento relevante debe servir, en última instancia, a las personas.
Nunca olviden que la confianza es uno de los mayores activos de la ciencia. La sociedad confía en investigadores cuyo trabajo es preciso, ético, transparente y creíble. Las publicaciones y las citaciones son hitos importantes, pero el verdadero legado de la investigación consiste en mejorar vidas, fortalecer organizaciones y ayudar a la sociedad a tomar decisiones más sabias.
El futuro no necesita más información. Necesita más sabiduría. Y la sabiduría comienza donde el conocimiento se encuentra con la integridad.
La inteligencia artificial redefinirá sin duda cómo funcionan las organizaciones, cómo se crea el conocimiento y cómo se toman las decisiones. Sin embargo, las organizaciones que realmente prosperen no serán las que simplemente adopten la tecnología más avanzada. Serán aquellas que sepan combinar la innovación con la confianza, la inteligencia con la empatía y la eficiencia con la responsabilidad.
La tecnología puede moldear el futuro, pero serán las personas —y la confianza que construyan entre sí— las que determinen siempre si ese futuro vale la pena ser vivido.
La sabiduría comienza donde el conocimiento se encuentra con la integridad.
Sobre la Profesora Joanna Paliszkiewicz
La Prof. Dr. hab. Joanna Paliszkiewicz es directora del Instituto de Gestión de la Universidad de Ciencias de la Vida de Varsovie (WULS–SGGW) en Polonia. Investigadora de prestigio internacional en los ámbitos de la gestión del conocimiento, la gestión de la confianza y el liderazgo organizacional, es autora de más de 250 publicaciones científicas y 29 libros. Asimismo, ejerce como subdirectora de la revista Management and Production Engineering Review y como editora asociada de varias revistas científicas internacionales de primer nivel. Su investigación examina cómo la confianza, el conocimiento y el liderazgo responsable moldean el futuro de las organizaciones inteligentes.
Hitos académicos y cargos directivos:
- Directora del Instituto de Gestión, Universidad de Ciencias de la Vida de Varsovia (WULS–SGGW), Polonia
- Profesora en la Universidad de Economía de Ho Chi Minh, Vietnam
- Profesora adjunta en la Universidad de Vaasa, Finlandia
- Título de «Full Professor» concedido por la International School for Social and Business Studies, Eslovenia
- Autora, coautora o editora de 29 libros y más de 250 publicaciones científicas
- Becaria internacional en programas de investigación en EE. UU., Reino Unido, Irlanda, Eslovaquia, Taiwán y Hungría
- Directora de tesis y evaluadora externa de doctorados en Polonia, India y Finlandia
- Subdirectora, Management and Production Engineering Review
- Editora asociada, Journal of Computer Information Systems, Expert Systems with Applications, Issues in Information Systems, Przegląd Organizacji e Intelligent Systems with Applications
- Premio Computer Educator of the Year (IACIS, EE. UU., 2013)
- Miembro de la Academia Polaca de Ciencias (PAN)
- Experta de la Comisión Polaca de Acreditación (PKA)
Más información:
- Sitio web: [paliszkiewicz.pl](https://paliszkiewicz.pl)
- ORCID: [0000-0002-6250-0583](https://orcid.org/0000-0002-6250-0583)
