El Índice de Transición Energética 2026 (ETI), publicado por el Foro Económico Mundial en colaboración con Accenture, revela que el panorama energético mundial se está volviendo cada vez más fragmentado y condicionado por la seguridad. A medida que las naciones intentan reequilibrar sus prioridades entre sostenibilidad, asequibilidad y resiliencia, el impulso global muestra signos de ralentización.
HoyLunes – A pesar de una inversión mundial récord de 3,3 billones de dólares —de los cuales 2,3 billones se destinaron a energías limpias—, la preparación para la transición ha disminuido por primera vez en más de una década. Esto demuestra una desconexión creciente: el despliegue de capital ya no es suficiente si no se cuenta con las condiciones regulatorias e infraestructurales necesarias para absorberlo.
El factor geopolítico: la crisis en el Estrecho de Ormuz y Oriente Medio
Las tensiones geopolíticas y la inestabilidad en Oriente Medio han dejado de ser riesgos abstractos para convertirse en frenos directos del desarrollo energético mundial. Las recientes disrupciones en el Estrecho de Ormuz han expuesto de forma directa la vulnerabilidad de unos sistemas que ya se encontraban bajo la presión de una demanda creciente y cuellos de botella estructurales.

Este escenario afecta de manera desproporcionada a las economías emergentes que dependen de las importaciones de combustible. El debilitamiento de los compromisos políticos y la caída de la inversión en infraestructuras han provocado un retroceso notable en la región de Oriente Medio y el Norte de África (MENA). No obstante, existen excepciones clave como Arabia Saudita, que ha logrado registrar avances gracias a un sólido respaldo financiero y al despliegue acelerado de proyectos de energía renovable.
Roberto Bocca, Director del Centro de Energía y Materials del Foro Económico Mundial, señala que el proceso no está dando marcha atrás, pero sí se está fracturando, lo que obliga a construir cimientos más diversificados y sistemas de transmisión mucho más rápidos.
El escenario en América Latina: debilidad estructural frente a la fortaleza brasileña
El análisis regional del informe muestra una clara divergencia en los mercados latinoamericanos. En líneas generales, América Latina ha debilitado su posición global debido a una preocupante disminución en su puntuación de preparación para la transición (transition readiness). Las barreras normativas, las redes eléctricas obsoletas y las condiciones de financiamiento más estrictas actúan como limitadores del progreso regional.
A pesar de esta tendencia a la baja, Brasil se consolida como el líder indiscutible de la región. Su éxito radica en una matriz energética históricamente sólida y diversificada, respaldada por fuentes renovables, lo que le permite amortiguar los choques geopolíticos globales con mayor eficacia que sus vecinos de la región. Para el resto de los países latinoamericanos, el desafío urgente consiste en atraer capital internacional hacia proyectos de infraestructura y modernización de redes en un momento donde el 75% de la inversión en tecnologías limpias permanece altamente concentrada en un pequeño grupo de economías avanzadas.

El desafío de la infraestructura digital y la Inteligencia Artificial
Un factor determinante en la configuración del nuevo mapa energético es el crecimiento del 3% en la demanda mundial de electricidad, impulsado de forma directa por la electrificación de los países, los sistemas de refrigeración y la rápida expansión de los centros de datos necesarios para soportar la Inteligencia Artificial (IA).
Las economías emergentes representan cerca del 80% de este crecimiento en el consumo eléctrico, pero siguen atrapadas en una paradoja: sufren costos de capital elevados y brechas de conectividad severas. Ante este entorno disruptivo, Muqsit Ashraf, Líder Global de Industria y Empresas en Accenture, enfatiza la necesidad de que los líderes empresariales utilicen la propia tecnología y la IA para potenciar la adaptabilidad estructural y fortalecer la toma de decisiones estratégicas ante la incertidumbre.

Tres pilares estratégicos para desbloquear el progreso
Para garantizar que la seguridad energética y la sostenibilidad dejen de competir entre sí, el Foro Económico Mundial propone tres prioridades de acción inmediata:
Resiliencia nativa: Integrar la seguridad y la capacidad de resistencia en la arquitectura original del sistema energético, evitando que sea una mera respuesta reactiva ante las crisis de suministro.
Expansión de redes: Acelerar la integración de los sistemas y ampliar la capacidad de las redes de distribución eléctrica.
Estabilidad regulatoria: Restaurar la confianza de los inversores mediante marcos políticos estables, redirigiendo el capital hacia los mercados emergentes, donde se concentrará la mayor parte de la demanda futura.
Los países que logren coordinar sus políticas bajo estos tres enfoques transformarán las presiones actuales del mercado en una ventaja competitiva sostenible a largo plazo.
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