Del incendio de las llamas al incendio del relato

la fotografía de un bosque envuelto en llamas y humo denso bajo el sol de verano.

Los incendios del mes de julio del 2026 en Europa no solo han devorado miles de hectáreas de bosque. También han alimentado otro fuego, mucho más difícil de extinguir: el de la utilización política de la información.

 

 

Por Claudia Benitez

HoyLunes – Cada vez buscamos respuestas, queremos saber quién provocó el incendio, si fue una negligencia, un acto intencionado o una consecuencia de unas condiciones climáticas extremas. El problema aparece cuando dejamos de buscar la verdad para buscar únicamente aquello que confirma nuestras ideas previas.

He observado un fenómeno que se repite con demasiada frecuencia. Cuando el presunto responsable de un incendio es extranjero, su nacionalidad aparece en titulares, comentarios y publicaciones casi como si fuera una prueba más del delito. En cambio, cuando el sospechoso es europeo, esa información suele desaparecer del relato. Ya no importa el origen; importa únicamente la conducta individual.

A través de una lupa colocada sobre un periódico ardiendo, el texto del artículo se distorsiona: algunas palabras (como nacionalidades o etiquetas de origen) se iluminan en rojo neón, mientras que el resto de los detalles del delito se difuminan en ceniza.
El relato selectivo: la relevancia del origen de un sospechoso suele cambiar según la narrativa política del momento.

La pregunta es por qué debe mencionarse la nacionalidad, por qué un acto criminal se transforma en un estigma sobre el origen, como si la procedencia de una persona es relevante y suficiente para comprender un hecho. Si esta información no aporta algo útil para entender el delito, entonces no debería convertirse en un elemento de selección según convenga al discurso político de cada momento.

Las investigaciones sobre los incendios de este verano muestran una realidad mucho más compleja. Hay fuegos que apuntan a negligencias políticas relacionadas con la prevención, otras causas se relacionan a las intenciones y muchos cuya causa todavía aun no ha sido determinada. En algunos casos recientes, las detenciones se relacionan con trabajos realizados en condiciones prohibidas o con otras imprudencias, mientras que en otros las investigaciones siguen abiertas y las autoridades no han confirmado la identidad o el perfil de los responsables a pesar de saberse que hay incendios producidos por individuos conscientes en su intención.

Sin embargo, las redes sociales funcionan con otra lógica. Allí, la rapidez vale más que la precisión. Una fotografía sin contexto, un rumor o una nacionalidad aislada pueden convertirse en el combustible perfecto para reforzar prejuicios. Al mismo tiempo, también existen intentos de ocultar información cuando esta no encaja con la narrativa preferida. El resultado es el mismo: la realidad acaba siendo sustituida por un relato selectivo. Diversos medios y verificadores han advertido de la proliferación de bulos y teorías sin pruebas durante esta ola de incendios.

No solo quién prende un fuego es el problema, también lo es cómo manejamos el incendio, cómo socialmente actuamos ante el drama y cómo nosotros prendemos otro cada vez que utilizamos una tragedia para señalar colectivos enteros. La responsabilidad penal siempre es individual. No delinque una nacionalidad, una religión o un color de piel; delinquen personas concretas. Convertir un delito en una etiqueta colectiva solo consigue aumentar la división social.

La responsabilidad penal siempre es individual. No delinque una nacionalidad, una religión o un color de piel; delinquen personas concretas.

Una silueta humana desde la oscuridad interactúa con un teclado iluminado; de las teclas del ordenador nacen chispas y pequeñas llamas que van alimentando un incendio forestal que se divisa al fondo a través de una ventana.
De la pantalla al bosque: cómo la prisa por señalar responsables en redes sociales alimenta el fuego de la división.

Eso no significa ocultar información. La transparencia es fundamental. Pero la transparencia exige coherencia. Si vamos a informar sobre el origen de un sospechoso, hagámoslo siempre con el mismo criterio. Si decidimos que ese dato no es relevante, entonces eliminémoslo siempre. Lo que resulta difícil de justificar es cambiar la regla dependiendo de quién ocupe el banquillo mediático.

Los incendios de este verano nos recuerdan que Europa se enfrenta a una amenaza creciente, agravada por las olas de calor, la sequía y múltiples factores humanos. La prioridad debería ser la de prevenir nuevos desastres, mejorar la gestión forestal y permitir que las investigaciones determinen responsabilidades con pruebas, no con prejuicios.

Porque las llamas terminan apagándose. Los prejuicios, en cambio, pueden seguir ardiendo durante muchos años si nosotros mismos les seguimos echando leña y que el olvido de las cenizas en septiembre, no nos lleven a tomar medidas preventivas para el próximo verano.

Claudia Benitez.
Claudia Benitez. Escritora

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