Frankie Ray: Quería ser honesto en la película, vulnerable, recordar a los demás que, en el fondo, todos queremos amar, ser amados, ser incluidos
Por Jorge Alonso Curiel
HoyLunes – Después de más de tres décadas trabajando como actor, Frankie Ray ha encontrado en Bad Haircut, dirigida por Kyle Misak, el personaje que puede marcar un antes y un después en su carrera. Su interpretación de Mick, un peculiar y atormentado barbero, se ha convertido en uno de los grandes atractivos de la película y ha recibido elogios en su recorrido internacional por festivales. En estos últimos días, Ray ha viajado a París con motivo de L’Étrange Festival, donde la organización llegó a definirlo como un actor «brillante» y «un festival en sí mismo». En Valladolid, en el mes de julio, Bad Haircut conquistó el Premio a la Mejor Película de PUFA 2026.
Ray habla en exclusiva para Hoylunes.com y para Andares de Escritor de su trayectoria, de sus dificultades, del oficio de actor y de lo que significa para él interpretar a Mick. «Actuar es algo muy íntimo. La cámara lo ve todo. No le gusta la exageración. Aprecia la experiencia y la honestidad emocional», afirma. Una conversación sincera en la que el actor deja al descubierto al hombre que hay detrás del personaje y repasa una vida marcada por la lucha, el arte, la soledad y una interminable búsqueda de oportunidades. Pasen y disfruten.
Bienvenido, Frankie. Después de 36 años como actor de carácter en el cine independiente, la televisión y la publicidad, finalmente has alcanzado un amplio reconocimiento tanto por parte del público como de la crítica gracias a tu interpretación de Mick, el excéntrico barbero de Bad Haircut (2025), la cuarta película dirigida por Kyle Misak. ¿Imaginaste alguna vez que alcanzarías este tipo de éxito?
Todos los días durante los últimos 37 años. Como artista, no rico, no célebre, que ha luchado en papeles secundarios, o con papeles protagonistas en películas que nunca llegaron a terminarse o estrenarse, papeles que no tenían arco ni recorrido, simplemente tipos malos; o como ser humano que, a lo largo de su vida, nunca llegó realmente a dominar ni a tener éxito en todo aquello a lo que se ha dedicado…
Mirando atrás, en retrospectiva, me he dado cuenta de que he pasado años desarrollando determinadas habilidades y, casi todas las veces, justo antes de que tengan la oportunidad de dar sus frutos, he abandonado: «Vale, ya me he hecho bueno en esto. Vamos a probar aquello». Sin quedarme para dominarlo y obtener la recompensa por mi trabajo.
Me he dicho en cada ocasión que estoy desarrollando habilidades que puedo poner al servicio de construir cosas valiosas para el conjunto de mí mismo o para mi trabajo. Pero, en realidad, ¿cuál es la semilla más profunda? El miedo al éxito. El éxito es un terreno inexplorado en el que no tengo ninguna experiencia.
He aprendido que, si le das un millón de dólares a una persona pobre, se deshará de él tan rápido como pueda para volver a algo familiar. La lucha. ¿Tiene sentido?¿Qué es lo que nos mantiene en marcha? A los artistas, a los seres humanos, ¿es el resultado final? ¿Llegar allí, ganar el premio gordo, la riqueza, los logros, el reconocimiento?
Para mí, elijo creer que aquello en lo que nos concentramos, aquello que repetimos y mantenemos en nuestra mente, atrae eso hacia nuestro mundo. Así que, en respuesta a tu pregunta, mantengo una afirmación. Una que he repetido durante años. He repetido el mantra interminablemente en mi cabeza. Mientras conduzco, mientras camino, cuando el mundo se caga en mí: «Estoy sano, soy rico, soy feliz, soy una superestrella».

Durante los últimos tres años, mi mente y mis emociones han estado en espera, desde que terminamos el rodaje de Haircut. Esperando a que se estrene. Esperando saber si he dado la talla, si tengo lo que hace falta o no. Esperando que, después de 34 años como actor, tenga la oportunidad de despegar, de conseguir una oportunidad de trabajar en los niveles más altos del negocio, donde el trabajo de calidad tenga la posibilidad de ser visto por la industria y por el público en general.
Hacer un buen trabajo no sirve de nada si el público o si la industria no lo ve, si no es consciente de lo que puedes aportar. Así que lo he imaginado, esperando, deseando que quizá algún día tuviera una oportunidad. Y tuve esa oportunidad. Las cartas se alinearon. Ahora esperamos ver cómo la recibe el mundo fuera de los festivales, cómo la recibe la industria.
La prensa ha sido alucinante, diciendo todas las cosas que un actor podría querer escuchar, todas las cosas que imaginábamos que algún día quizá dirían sobre nuestro trabajo. Para mí, esta película lo era todo. Sé que suena extraño, pero cuando trabajas, planeas, luchas para abrirte camino para que te permitan hacer ARTE, puedes mirarte al espejo y pensar: 34 años y todavía no he llegado ahí. Quizá no soy realmente bueno. O quizá simplemente no he tenido los proyectos adecuados. Quizá nunca ocurra.
Tres décadas es mucho tiempo. Obviamente, sé que la industria sabe que estoy aquí. He realizado 50 anuncios nacionales, cine, televisión y, aun así, uno empieza a dudar de sí mismo de una manera lógica.
Si tu trabajo en pantalla resulta fascinante y singular, tu biografía es aún más extraordinaria. Tu vida parece escrita por un gran novelista —o por un gran guionista—. Está llena de experiencias humanas y vitales, suficientes para inspirar una película extraordinaria. Has sido bailarín profesional, profesor de baile, cantante, actor, especialista de acción, técnico de efectos especiales y escritor, y también has pasado por períodos en los que no tuviste hogar. Hay, no obstante, un detalle que resulta especialmente sorprendente: de joven te alistaste en el ejército de Estados Unidos y pasaste tres años destinado en Alemania, entre 1979 y 1982. ¿Cómo acaba un artista como tú, dotado de tanta sensibilidad, en un mundo tan alejado de la expresión artística? ¿Qué significó para ti tu etapa en el ejército?
Me alisté a los 17 años, en 1979. Era pobre, vivía en Bend, Oregón. Pasaba hambre; en invierno, me congelaba. Mi mejor amigo de entonces se alistó y yo no quería quedarme atrás. Mi hermanastro, al que admiraba y con quien vivía, Jimmy, estaba en el ejército en Alemania y me contaba muchas historias. Hice un entrenamiento básico en Fort Gordon, Georgia. Luego fui a McKee Barracks, en Alemania. Al principio estuvo bien, pero después descubrí la cerveza y el hachís. Entré como soldado raso y, tres años después, seguía siendo soldado raso. Era un soldado de mierda, aunque era bueno en las habilidades necesarias para ser soldado. No se me daba muy bien escuchar, obedecer órdenes ni seguir las reglas; siempre me metía en problemas. Pero allí descubrí dos cosas: que se me daba bien bailar y la guitarra.
Mi compañero de habitación, Tim Patterson, me introdujo en la guitarra allá por 1970/80. Bailar y tocar la guitarra eran las únicas cosas artísticas que había en el ejército. Yo solo era un joven punk desafiante que desperdiciaba la oportunidad que el ejército me ofrecía. Consumíamos en exceso cualquier droga que pudiéramos conseguir, y esto es una de las grandes cosas de las que me arrepiento.
Salí del ejército en Fort Lewis, Washington. En 1982, el sida acababa de aparecer. También el crack. Me uní a una banda llamada Lamore donde me dejaron tocar la guitarra rítmica, pero no teníamos actuaciones y yo no tenía ingresos. La banda me echó de la casa donde vivíamos y fui a vivir en una caseta de plástico al lado de la autopista, en Tacoma, Washington.
Empecé a buscar trabajo. Con 20 años, sin habilidades y sin estudios. Conseguí un empleo en un restaurante como lavaplatos y vi en el periódico un anuncio de un curso de formación para convertirse en profesor de baile de salón para los estudios Fred Astaire. Mi pensamiento fue: puedo aprender música desde el punto de vista de los bailarines. Me ayudaría a comprender la música y entender cómo la interpretaban quienes la escuchaban. Y me ayudaría en mi camino para convertirme en una estrella del rock.
Pensé que podía triunfar allí. Me pareció un buen plan. Era un curso de seis semanas; todas las noches, cuatro horas, sin cobrar, y los tres mejores alumnos serían invitados a incorporarse al equipo. Así que pasé de la banda, del rock, a fregar suelos durante el día y a aprender vals, foxtrot, tango y más bailes, además de aprender a enseñarlos.
Pero además de todo esto, vendía marihuana para poder sobrevivir y me colocaba. La misma vieja dinámica disfuncional y de autosabotaje de siempre en mí.
Antes he mencionado que tu vida podría convertirse en una gran película. ¿Qué director sería la persona ideal para llevarla a la pantalla? ¿Y qué actor sería el adecuado para interpretarte?
Hmmmmm. Nunca había pensado en esto. ¿Actor? ¿Un joven Steve Buscemi? ¿Un joven Willem Dafoe? ¿Director? Creo que Quentin Tarantino haría justicia. Tiene un equilibrio entre los matices y lo absurdo. Creo que le encantaría conocerme, jajaja. He coqueteado con una película llamada Those That Abuse. La verdad sobre el negocio del baile de salón. Es un negocio verdaderamente horrible, manipulador y emocionalmente abusivo, y por eso lo dejé después de 11 años.
Pero esa es otra historia.
¿Un gran actor? Siento que todo lo que podemos hacer, todo lo que yo puedo hacer, es comprender al personaje, encontrarme a mí mismo en él y después ser yo mismo dentro de las limitaciones de las situaciones inventadas que el guionista y el director ponen sobre el papel.
Frankie, ¿cómo se adquiere el extraordinario carisma que posees en pantalla, ese que hace que el público te recuerde? Supongo que hace falta algo más que un rostro tan curtido y una voz tan profunda e inolvidable como la tuya. ¿Qué cualidades necesita alguien para convertirse en un gran actor?
¿Adquirir «carisma»? Ah, demonios, ni siquiera sé qué es eso. Brad Pitt tiene carisma. ¿Yo? Sigo siendo un alma perdida. ¿Un gran actor? No sé si pertenezco a esa categoría. Yo diría que no. Quizá solo sea uno decente. Creo que la grandeza llega en lo más alto del juego, trabajando con los mejores, estando a la altura de los mejores, y he aprendido que puedo hacerlo.
Grandes actores hay muchísimos. Siento que hay muchísimo talento sin descubrir. Para mí, actuar es un eslabón dentro de una cadena muy larga de cosas que tienen que suceder, que tienen que encajar en una película para que una interpretación sea «grande». En mi nivel rara vez tenemos la oportunidad de estar en ese espacio, cuando todos los elementos necesarios están ahí para que una interpretación brille, para que llegue. La mayoría de las veces, al malo simplemente se le lleva demasiado lejos, sin dibujar ningún arco emocional ni sicológico, simplemente es malo.
Dicen que por muy buena que sea una interpretación, si el sonido, la cinematografía, el montaje, los compañeros de reparto, el guion, la dirección, el montaje y todas las cosas que intervienen en una película no brillan, entonces una GRAN interpretación tampoco lo hace. Incluso puede desaparecer en la sala de montaje.
Y luego está el lado empresarial. Por muy buena que sea una película o una interpretación, si no hay publicidad, si las personas adecuadas no la apoyan y la impulsan hacia la conciencia del público y de la industria, no hay nada que hacer.
Antes una película tenía unos cuantos meses para generar impulso. Ahora solo tiene un fin de semana. Y requiere cantidades enormes de publicidad y de ruido para sobresalir por encima de todo el ruido del mercado. Una gran interpretación, una gran película, pueden pasar fácilmente de largo.

Puede ser descubierta por algunos, pero conseguir que el público, los críticos y la industria en general la vean en los cines, conseguir que la gran prensa la reseñe requiere a todo un pueblo y millones de dólares. Todo para intentar abrirse paso a través del ruido abrumador del mercado. Como sabes muy bien, está el arte y está el negocio. Haircut no tiene el respaldo financiero necesario para abrirse paso. El negocio de la distribución es un juego difícil.
Solo hay un número limitado de huecos en las salas y de ventanas de explotación para recuperar la inversión. Estamos con Haircut al borde de conseguir que llegue a 1.500 salas ahora mismo. Está delante de algunos equipos de productores y directores muy poderosos. Ese es el objetivo: un estreno amplio, esperando que funcione. Como en cualquier empeño artístico, necesitamos a alguien que nos apoye y nos abandere.
Recuerda: es una película independiente de 800.000 dólares, rodada durante 50 días, sin grandes estrellas ni respaldo de la industria, rodada durante la huelga de guionistas. Después, dos años de posproducción y un año desde el estreno en Fantastic Fest, sin presupuesto para publicidad. Está representada por Film Seekers, de Londres.
La producción perdió al protagonista, Mick, un actor con cierto nombre que habían contratado con más de un año de antelación, debido a un problema de salud. Y me encontraron a mí tres o cuatro semanas antes de que comenzara la producción.
Me he desviado. Un gran actor… Bueno, no creo que sea realmente tan difícil ser bueno actuando. Después de 36 años en el oficio, uno debería ser capaz de explicar cómo hacerlo. Actuar es algo muy íntimo. La cámara lo ve todo. No le gusta la exageración. Aprecia la experiencia y la honestidad emocional, o eso creo. Se ha dicho que actuar es estar dispuesto a ser privado en un entorno público. Mick era muy privado. Yo soy de los que prefieren la sutileza. Con Mick tuvimos dificultades con eso; la verdad es que yo era un auténtico dolor de cabeza para Kyle, el director.
Yo estaba obsesionado con los matices de Mick porque sabía de la oportunidad única que teníamos de crear un personaje original, pero sin querer llevarlo a lo caricaturesco, lo falso, o que fuera demasiado grande o demasiado blando. Era necesario encontrar un equilibrio. Siento que dimos en el blanco en muchos aspectos y que fallamos en otros.
Me he vuelto a desviar. ¿Qué cualidades hacen falta para ser un buen actor? Muchos de los grandes artistas han opinado sobre este tema. Creo que es subjetivo. Solo tengo mi perspectiva, como ya he dicho, mi idea de lo que es bueno y de lo que me gusta, mi punto de vista y mi opinión. Creo que, si a mí me gusta, habrá un determinado porcentaje de la sociedad, de otras personas, a las que también les gustará. Mick busca ser comprendido, busca conectar. Se contradice y después vuelve a contradecirse.
Quería ser honesto en la película, vulnerable, recordar a los demás que, en el fondo, todos queremos amar, ser amados, ser incluidos.» — Frankie Ray
¿Un gran actor? Siento que todo lo que podemos hacer, todo lo que yo puedo hacer, es comprender al personaje, encontrarme a mí mismo en él y después ser yo mismo dentro de las limitaciones de las situaciones inventadas que el guionista y el director ponen sobre el papel.
La historia, las vidas de los personajes, solo viven en la mente del escritor. Son conceptos que, de alguna manera, se intenta transmitir a los demás poniéndolos sobre el papel, con la intención de que las estructuras emocionales y la programación de otras personas les permitan, les animen, a tener una respuesta emocional o una experiencia creada a través de nuestra naturaleza humana compartida.
Creo que un gran actor, un gran cineasta, comprende verdaderamente la naturaleza humana y cómo manipularla. Esto lo aprendí en el negocio del baile de salón, pero, por desgracia, esa es otra conversación. Detesto la manipulación emocional, pero eso es lo que hacen los seres humanos. Es lo que hacemos al contar historias. Creamos un entorno que invita a los demás a suspender sus propias realidades y nos permite crear algo dentro de ellos, o las condiciones que les permiten elegir seguirnos. ¿No es eso verdaderamente el máximo exponente de la manipulación?
No sé qué es un gran actor. Solo sé cuándo alguien está sintiendo algo. Cuando yo soy honesto, y si todos los demás elementos están en su sitio, entonces puede convertirse en una gran interpretación que lleva a los demás a un viaje emocional. Quería ser honesto en la película, vulnerable, recordar a los demás que, en el fondo, todos queremos amar, ser amados, ser incluidos.
Creo que deberíamos ser seres equilibrados. Incluso aunque yo sea cualquier cosa menos equilibrado, jajaja. Creo que un gran actor verdaderamente vive dentro de las emociones del momento.
Quería que el espectador se preocupara por Mick, que lo comprendiera y quizá, a través de eso, me comprendiera a mí.
Teniendo en cuenta tus numerosos talentos y las diferentes facetas de tu trayectoria, ¿qué aspecto de tu carrera es el que te hace sentir más en casa? ¿La interpretación?
AHHHHHHH. MIERDA. Aquí está de nuevo ese muro entre decir lo que se supone que debes decir y lo que es verdad. Larga pausa para comprobar mi intención. Que le den. Soy Géminis. Un Géminis doble, nacido el 7 de junio. Así que dicen que hay cuatro personalidades en mí. Hmmmmmm. No resulta alentador. Lo digo claramente: ningún aspecto de mi carrera me hace sentir en casa. Para ser sincero, no me he sentido en casa ni una sola vez en mi vida desde los siete años. Siempre al límite, asustado, preocupado, lleno de angustia.
En pocas palabras, mi madre nos metió a mí y a mis cinco hermanas mayores en hogares de acogida cuando tenía siete años. Ten en cuenta las ondas theta y alfa en el desarrollo de un niño. Los siete años son una edad crítica. Nos metieron en hogares de acogida mormones en Spokane, Washington. En 1969 no había demasiada terapia para niños, así que aquella herida original nunca se curó. El rechazo de la madre…
Puedes imaginar cómo se enquistó, cómo creció, cómo contaminó la estructura emocional y el pensamiento de un niño que apenas estaba entrando en la conciencia, es decir, en los estados de ondas alfa. Así, toda una vida sin autoestima, buscando constantemente la aprobación de las mujeres. Un intenso deseo de ser amado, de amar, de encajar, de encontrar un lugar. Y después esconderse del dolor mediante las drogas…
Por desgracia, este es el agujero con lo que me encontré al interpretar a Mick. Yo pensaba que, a través de mis interminables estudios de psicología, de todas las religiones, de todos los gurús que pude encontrar, de toda una vida intentando descubrir y comprender el agujero que había dentro de mí, había llegado a enfrentarme con él, lo había curado o, al menos, había conseguido que ya no me afectara, pero el personaje de Mick era demasiado personal para mí; me reflejaba.
Por ejemplo, el reparto de la película no me incluía en sus salidas para pasarlo bien cada noche, haciendo conmigo exactamente lo que se hizo con Mick durante toda su vida. Y mientras, yo tenía a cada momento pensamientos de autodesprecio y autodestrucción. Aislado, solo, incomprendido, apartado, mientras luchaba con mi propia identidad durante 50 días. Quería ser incluido en la película y durante el rodaje. Así construí el peor pasado para Mick que pudiera imaginar, para llevarlo más allá del límite de la civilización, hasta raptar a alguien e intentar ganarse su amor.
¿Cómo llega alguien a tomar esa decisión? ¿Cómo la racionaliza sin estar loco? Mick no está loco ni es malo. Simplemente llega al límite de su capacidad para soportar la soledad. Decidí que aquella era mi oportunidad para descubrir si tenía lo necesario para mantenerme en el fuego, para ser el número 2 en la hoja de convocatoria, para llevar el peso de una película, sabiendo que, si no clavaba mi marca, el personaje no sería más que un tipo malo y la película no funcionaría, convirtiéndose en otra película de adolescentes de bajo presupuesto. Otro malo más. Un personaje exagerado interpretado por un actor de serie B en una película de serie B. Yo me aseguraría de darlo todo, sabiendo que para Kyle y su equipo esta también era su gran oportunidad. Kyle, un hombre cristiano devoto, verdaderamente un buen hombre. Yo estaba decidido y empeñado en que iba a darlo todo. No sé cómo sobreviven otros actores, otros personajes, la gente del método, pero admito que fui demasiado lejos.
Algo se rompió dentro de mí ahí abajo, con Mick y Frankie. Dejaré en tus manos, como espectador, decidir si todo ese trabajo llegó a la pantalla, si quedó sellado dentro del personaje. Cuando veo la película, solo siento vergüenza, dolor, toda una vida de soledad y exclusión. Realmente quería que el espectador se preocupara por Mick, que lo comprendiera y quizá, a través de eso, me comprendiera a mí.
Normalmente puedo cerrar los personajes que he encarnado después de unos meses, pero Mick permanece. Me susurra al oído: «Sabes quiénes somos». «Recuerdas lo que hizo mamá». He abierto la lata de mí mismo y esa cabrona no quiere volver a meterse en su agujero.
Así que desde los siete años nunca me he sentido en casa. Todavía no. Es realmente impactante descubrirlo y aprenderlo.
Una mujer con la que estaba hablando hace unas semanas me preguntó cuándo había sido la última vez que fui feliz. Cuando dije «a los siete años», ella lloró. Lloramos.
La música y cantar son maravillosas válvulas de escape para mí. Actuar puede serlo también. Pero, como he dicho, a mi nivel en el oficio rara vez tengo la oportunidad de hacer un trabajo honesto y significativo. Sé que tuvimos esa oportunidad con Mick. Así que me lancé. Mi esperanza es que, a través de Mick, se me dé la oportunidad de interpretar seres humanos honestos, aunque sean imperfectos, pero honestos. Y esos papeles puedan ser vistos por el público, donde tengan el respaldo financiero necesario para tener una oportunidad.
Esa es mi esperanza. Pero primero necesito sobrevivir a Mick y a mí mismo.
Estoy mejor ahora. Los últimos dos años fueron…

A lo largo de tu dilatada carrera has trabajado junto a grandes figuras de la interpretación y la dirección, como Marlon Brando y David Fincher. Pero ¿quiénes son tus propios referentes? ¿De quién has aprendido más?
Siempre he admirado y me he identificado con dos actores: Willem Dafoe y Joaquin Phoenix, pero no he trabajado con ellos ni los he conocido. Para mí, interpretan personajes muy complejos. Muy imperfectos. Pero hay una suavidad, una humanidad en ellos que dejan que se filtre en sus personajes. Estoy seguro de que luchan por conseguirlo en las películas y lo admiro. Me resulta fascinante. Me gusta el choque entre lo complejo y lo tierno. No es fácil conseguir ese equilibrio. Creo que son maestros en ello y es a lo que aspiro. Y es que si no puedo ser honesto, humano, estar presente y ser real en un papel, entonces preferiría no trabajar. Pero, en fin, las facturas no dejan de llegar. Así que nos vemos obligados a aceptar papeles vacíos por dinero… manteniendo la esperanza de que algún día aparezca un Mick.
Para acabar, Frankie, me gustaría detenerme en un capítulo especialmente significativo de tu vida. Después de recorrer Japón como cantante principal y bailarín en una producción teatral, atravesaste un período viviendo en la calle en Los Ángeles a principios de los años noventa. ¿Cómo recuerdas aquellos años? ¿Qué te enseñaron?
Conseguí mi primer trabajo en una película, The Mambo Kings, mientras dormía debajo del banco de una entidad bancaria en Century City. Había un espacio de unos 90 centímetros de altura por el que podía arrastrarme y esconderme. Yo daba clases de salsa en un lugar llamado Hy’s, que se convirtió en el Century Club. En los ratos libres, me colaba en los ensayos de esta película. Tito Puente me pidió que bailara con su sobrina en la película. Dijo que yo entendía la diferencia entre la salsa y el mambo.
¿Qué me enseñó aquello? Que estás donde estás por tu propia mano y por tus propias decisiones. Es una frase genérica, pero no por ello deja de ser verdad.
