La fragilidad de los afectos: tres formas de amar y perderse en la apertura de la 71.ª Seminci

Valladolid se viste de cine: la 71.ª edición de Seminci echa a andar situando las complejidades, fragilidades y dilemas de las relaciones humanas en el centro de su Sección Oficial.

My Notes on Mars, de Lili Horvát, inauguró la 71.ª edición de Seminci con una historia que combina amor, misterio y ciencia ficción.

Queen at Sea, de Lance Hammer, se adentra en la vejez y en los complejos vínculos familiares a través de un relato íntimo y profundamente humano.

The Echo Chamber, del cineasta italiano Andrea Pallaoro, explora las relaciones sentimentales marcadas por el deseo y la dependencia emocional.

 

 

 

Por Jorge Alonso Curiel

Valladolid –La primera jornada de la Sección Oficial de la 71.ª Semana Internacional de Cine de Valladolid nos dejó tres películas muy diferentes en su manera de acercarse a las relaciones humanas. La primera, My Notes on Mars, combina el misterio y la ciencia ficción para reflexionar sobre el desgaste de una pareja y la dificultad de conocer a quien tenemos al lado. La segunda, Queen at Sea, se adentra en un territorio mucho más doloroso: la vejez, la pérdida de autonomía y los dilemas que afrontan las familias cuando cuidar de alguien significa también preguntarse hasta dónde podemos decidir por esa persona. Por su parte, The Echo Chamber, de Andrea Pallaoro, explora las relaciones sentimentales marcadas por el deseo y la dependencia emocional.

My Notes on Mars: amor y ciencia ficción

La cineasta húngara Lili Horvát, ganadora de la Espiga de Oro de Seminci en 2020 por Preparativos para estar juntos un período de tiempo desconocido, ha regresado a Valladolid con My Notes on Mars, su tercer largometraje y su primera película rodada en inglés. Protagonizada por Mackenzie Davis y Rupert Friend, la cinta parte de una premisa tan intrigante como sugerente: Margot, una investigadora espacial, desaparece durante una excursión en los Alpes y reaparece semanas después, el día en que se celebra su funeral. Lo más desconcertante es que ha perdido los recuerdos de su vida anterior y ya no reconoce a su marido.

La idea de esa desaparición y de ese regreso inesperado constituye el gran atractivo de una película que mezcla el drama de pareja con elementos de ciencia ficción. La situación recuerda a La aventura (1960), de Michelangelo Antonioni, aquella obra fundamental sobre la incomunicación y el vacío sentimental en la que la desaparición de una mujer terminaba revelando la fragilidad de los vínculos entre las personas. También hay algo de la dimensión cósmica y de la inquietud existencial de Melancolía (2011), de Lars von Trier, mientras que el argumento permite establecer una conexión con Capricornio Uno (1977), de Peter Hyams, por el misterio que rodea a quienes se dan por muertos y reaparecen.

Horvát explicó en la rueda de prensa, en el Salón de los Espejos del teatro Calderón, que la primera imagen que imaginó fue precisamente la de Margot apareciendo en su propio funeral sin reconocer a su esposo. La directora habló de la extrañeza que puede surgir al convivir durante años con una misma persona: «Estar con la misma persona durante mucho tiempo tiene, en sí mismo, algo de sobrenatural». Su intención era construir una película que no se quedara solo en un ejercicio intelectual.

My Notes on Mars': Lili Horvát fusiona el drama de pareja con el misterio de la ciencia ficción en una historia sobre la extrañeza de no reconocer a quien tenemos al lado.
My Notes on Mars’: Lili Horvát fusiona el drama de pareja con el misterio de la ciencia ficción en una historia sobre la extrañeza de no reconocer a quien tenemos al lado.

Sin embargo, esa voluntad no termina de traducirse en la pantalla. Aunque el punto de partida es muy interesante y el filme consigue crear una atmósfera enigmática que despierta la curiosidad, el desarrollo acaba resultando demasiado frío y distante. La historia pierde fuerza a medida que avanza, y cuesta establecer una verdadera empatía con los protagonistas y con lo que les sucede. También la cinta recuerda demasiado a caminos ya transitados por otras películas.

Las interpretaciones de Mackenzie Davis y Rupert Friend son correctas, y la película mantiene cierto interés gracias a su planteamiento y a esa atmósfera tensa y enigmática, en la que parece escucharse el rumor de la brisa a pasar por el ojo de una aguja. Pero falta una emoción que conecte de verdad con el espectador y convierta sus interrogantes en una experiencia más intensa.

Queen at Sea: una película desasosegante e íntima sobre la vejez

Devastadora, íntima y profundamente humana. Así es Queen at Sea, la segunda película de la jornada, dirigida por el cineasta estadounidense Lance Hammer. Una obra dura, triste y desconsoladora que, a partir de un conflicto familiar, construye un retrato de la vejez y de la fragilidad humana que permanece en la memoria del espectador mucho después de abandonar la sala.

La historia gira en torno a Leslie, una mujer con demencia avanzada, y Martin, su marido, que se ocupa de cuidarla. La situación se complica cuando Amanda, la hija de Leslie, interpretada por Juliette Binoche, descubre que ambos mantienen relaciones sexuales y se pregunta si su madre conserva la capacidad de dar su consentimiento. Lo que comienza como un enfrentamiento familiar acaba abriendo un conflicto mucho más complejo sobre la intimidad, la autonomía personal, la protección y el derecho a decidir por quienes ya no pueden expresar con claridad su voluntad.

Lance Hammer no ofrece respuestas fáciles ni convierte tampoco a sus personajes simplones. Cada uno actúa desde sus propias convicciones y su manera de entender lo que significa cuidar. De ello nace buena parte de la fuerza de una película que obliga al espectador a enfrentarse a preguntas incómodas y a comprender que, en determinadas circunstancias, el amor y la responsabilidad pueden conducir a posiciones enfrentadas.

En ‘Queen at Sea’, Lance Hammer demuestra que, en determinadas circunstancias de la vejez y la dependencia, el amor y la responsabilidad pueden conducir a posiciones dramáticamente enfrentadas.

Pero Queen at Sea va mucho más allá del conflicto que pone en marcha la narración. Es, sobre todo, una reflexión dolorosa sobre la vejez, la soledad, el desamparo y el desconcierto que acompañan a la pérdida de facultades. También habla del papel de los hijos cuando los padres dejan de valerse por sí mismos, de la dificultad de aceptar que quienes siempre han sido una referencia necesitan ahora nuestra ayuda y de la responsabilidad que supone tomar decisiones en su nombre.

Existe una cuestión que la película aborda con valentía y sin esquivar sus contradicciones: la sexualidad en la vejez. El deseo y la necesidad de contacto no desaparecen necesariamente con los años, pero ¿qué sucede cuando la enfermedad afecta a la capacidad de decidir? Hammer plantea esta pregunta sin reducirla a una disputa moral nada sencilla, dejando que sea la propia historia la que revele su complejidad.

La comparación con Amor (2012), de Michael Haneke, resulta indispensable. Ambas películas se acercan a la dependencia y al deterioro desde una mirada despojada de sentimentalismo, observando cómo la enfermedad transforma la vida cotidiana, aunque Queen at Sea sea algo menos cruda que la dirigida por Haneke.

La fotografía de Adolpho Veloso, fría y natural, contribuye a acentuar la gravedad del relato. La puesta en escena evita los adornos innecesarios y deja espacio para que los silencios, los gestos y las miradas expresen aquello que los personajes no pueden decir: bajo esa contención se acumula una emoción que termina alcanzando al espectador.

Y hay que recalcar, por encima de todo, las interpretaciones. Son maravillosas. Tom Courtenay, Anna Calder-Marshall y Juliette Binoche, acompañados por el resto del reparto, ofrecen un trabajo de una naturalidad y una complejidad destacables. Parece que estén viviendo algo que podría suceder en cualquier familia, y esto es uno de los mayores elogios. Courtenay y Calder-Marshall, que comparten el Oso de Plata a la mejor interpretación de reparto en la Berlinale de 2026, sostienen con una delicadeza admirable el corazón emocional de la película. Binoche aporta, por su parte, toda la tensión y el desconcierto de una hija que intenta proteger a su madre y que se enfrenta a una situación para la que nadie está preparado.

Queen at Sea': la aclamada propuesta de Lance Hammer explora con contención y desgarro la vejez, los límites del consentimiento y el doloroso dilema de cuidar a quienes amamos.
Queen at Sea’: la aclamada propuesta de Lance Hammer explora con contención y desgarro la vejez, los límites del consentimiento y el doloroso dilema de cuidar a quienes amamos.

Queen at Sea obtuvo también el Oso de Plata, el Premio del Jurado, en el Festival de Berlín. Dos reconocimientos que acompañan a una película cuyo mayor logro es hacer que el espectador se implique y que salga de la sala con un nudo en la garganta.

Es una película devastadora porque no aparta la mirada de una realidad dolorosa que nos puede suceder a todos, e íntima porque se adentra en los rincones más vulnerables de una familia. Una obra que duele, conmueve y hace pensar.

The Echo Chamber: el amor y los límites del deseo

Con The Echo Chamber, el cineasta italiano Andrea Pallaoro lleva a la pantalla el último guion de Bernardo Bertolucci, escrito junto a Ilaria Bernardini y Ludovica Rampoldi. La película reúne a Luca Marinelli, Alicia Vikander y Susan Sarandon en un drama íntimo que explora las fronteras entre el amor y la necesidad de controlar al otro.

Leo, un productor musical aquejado de un dolor crónico, inicia una relación cada vez más absorbente con Anne, la fisioterapeuta que acude a tratarlo. La dependencia de los medicamentos termina entrelazándose con la dependencia sentimental, mientras Ava, una veterana cantante a la que Leo ayuda a preparar un nuevo disco, introduce otra dimensión en esta historia de relaciones tóxicas, difíciles de romper.

Pallaoro apuesta por una puesta en escena contenida, de gran influencia teatral, con largos planos, silencios y un espacio cotidiano que adquiere un gran protagonismo. El apartamento funciona como refugio, pero también como una prisión emocional. La narración fragmentada reconstruye poco a poco los vínculos entre los personajes, y el pasado y el presente se entrecruzan para mostrar cómo una relación puede prolongar su presencia incluso después de haber terminado.

The Echo Chamber': Andrea Pallaoro dirige un drama de atmósfera teatral sobre el deseo, la dependencia emocional y los ecos perdurables de las relaciones pasadas.
The Echo Chamber’: Andrea Pallaoro dirige un drama de atmósfera teatral sobre el deseo, la dependencia emocional y los ecos perdurables de las relaciones pasadas.

Las interpretaciones constituyen uno de los principales atractivos de la película. Destacan los trabajos de Alicia Vikander y Luca Marinelli, y Susan Sarandon aporta al personaje de Ava una calidez y una personalidad tan reconocibles en ella.

Una cinta interesante, sin ser ninguna obra maestra, de gran influencia teatral, sobre el deterioro de unos personajes a causa del deseo y la dependencia.

El título remite a esa cámara de resonancia en la que los sonidos regresan una y otra vez, transformados por el espacio que los devuelve. Así, los sentimientos pueden quedar atrapados en un mecanismo semejante: estos personajes siguen escuchando el eco de una relación hasta cuando intentan alejarse de ella.

Mañana, más.

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