Del conocimiento personal a la convivencia real: claves indispensables para aprender a quererte, elegir con criterio y construir una relación basada en el respeto mutuo.
Por Fernando Codina
HoyLunes – Querido amigo lector, no pretendo, ni mucho menos, ser dogmático, aunque algo se me pueda escapar, sino sincero. Hablar desde el conocimiento doloroso, desde la ausencia, desde la reflexión sobre todas aquellas cosas que desconocía, y que sin embargo habrían podido servir para salvar una relación.
El pasado jueves 16 de julio, puse fin, sí, yo, a la mayor historia de amor de toda mi vida, con quien pensaba era la mujer de mis sueños, que entre otras cosas fue mi constante apoyo durante la lucha contra el cáncer, y además me ofreció la posibilidad de cambiar de vida, comenzar una nueva existencia, en otra ciudad, a su lado. Sobre por qué terminó todo, bueno, es algo que me reservo; igual que el establecer quién fue el “culpable”. Es lo de menos… Pero sí que me gustaría daros algunas pistas, algunos consejos, que os permitan seguir adelante con vuestras vidas, ya sea con él (o ella) … o bien solos.
En la vida de toda pareja, existen tres momentos. Con un poco de suerte (y muchísimo trabajo por ambas partes), quizás conozcas los dos primeros, y terminéis comiendo perdices y siendo felices para siempre… Pero si llega el tercero, al menos que no te pille tan desprevenido como a mí.

EL ANTES
Aunque parezca una verdad de Perogrullo, toda relación de pareja empieza antes de conocerse… e incluso de saber que el otro existe… Pero hay una serie de cositas que debes saber.
Aprende a amarte a ti mismo: Si no te amas de verdad, es imposible que logres que alguien te ame, sino que incluso se sienta interesado por ti. Es algo que se nota en todo, desde la más sencilla de las miradas, hasta la última de las charlas de cada noche.
Conócete a ti mismo: ¿sabes de verdad quién eres? ¿Cuáles son tus traumas, tus fortalezas, tus debilidades? ¿Has pensado sobre los errores cometidos en el pasado, y aprendido de ellos? Si no tienes estas cosas bastante claras, ni te molestes en intentarlo. La ayuda profesional a veces puede resultar básica…
Escoge bien y desde el conocimiento: no te lances a la aventura solo por una mirada, una charla informal, o un cuerpo bonito. No son suficientes para comenzar una relación. El atractivo físico es muy importante, sin duda alguna, pero tiene que haber algo más. Lo ideal, una primera cita, tranquila, tipo merienda, en la que podáis hablar… y empezar a conoceros.
Cuidado con lo que dices: no es conveniente revelarlo todo, ni a nadie le importa saber si cantas como Mariah Carey mientras te duchas o si eres aficionado a untarte los pezones con manteca de cacahuete. Que a veces, cuentas lo que no debes. Y la cagas.
Busca puntos en común: esto debes tenerlo SUPER CLARO. La simple atracción física no basta, aunque luego se convierta en el mejor SEXO de toda tu vida. Hay cosas mucho más importantes, como: compartir gustos comida, viajes, pasta, bebés, literatura, cine, lo que sea, aficiones, sueños, intereses, eso te permitirá incluso realizar planes de vida, y que funcionen.
Los opuestos se atraen… pero no funcionan: lo siento, pero es así. Una niña bien del Barrio de Salamanca no tiene nada que hacer con un chaval de las Tres Mil Viviendas de Sevilla. Si piensas eso, bueno, quizás no sea amor lo que estás buscando, sino algo de sexo sin compromiso.
Decisiones en común: no te lances a lo loco, te declares al segundo día, y establezcas que te quieres casar con él (o ella). Eso no funciona ni en las películas. Es algo muy importante, que puede cambiar vuestras vidas, y, por lo tanto, que os atañe a los dos.
Dale tiempo al tiempo: sí, se parece sospechosamente al punto anterior, pero tiene su puntito. Lo ideal, antes incluso de formar una pareja, es llevar a cabo un periodo de convivencia, que puede ser desde una noche, a un fin de semana, o un poquito más. Deja que lo que empezó como un polvo de una noche, si ambos sentís lo mismo, siga su curso, pero siempre sin miedo, y desde la sinceridad y el cariño.
No quiero insistir más sobre estos aspectos, pero te
aseguro, querido amigo, que si hubiera pensado más sobre ellos (y mi ex pareja también), el final habría podido ser muy distinto. O puede que no…

DURANTE
Perfecto, estás convencido de haber encontrado a la “persona humana”, como diría el gran filósofo Jesulín de Ubrique, “de tu vida”, y os lanzáis a la aventura. Perfecto… Pues los problemas no han hecho más que empezar…
Establece y ten bien claros tus límites: de espacio, de tiempo, de intimidad, lo que te gusta, lo que no, aquello que puedes negociar… Por ejemplo, si odias a los fumadores, nunca muestres interés por uno de ellos, no hay nada más asqueroso que el olor y el sabor a tabaco revenido en la boca de tu pareja.
No seas invasivo: es decir, y sobre todo al comienzo, no te pases todo el puto día mandando mensajes de WhatsApp o llamando por teléfono. Que tal vez por corte, o por mera educación, no te lo dirán, pero estará molestando profundamente.
Las relaciones a distancia son muy jodidas: son posibles, pero requieren unas enormes cantidades de tiempo, dinero, y esfuerzo compartido. Los viajes son caros, igual que el alquiler de habitaciones de hotel, pensiones o los odiosos pisos turísticos. Porque… ¿Acaso te meterías directamente en la casa de alguien a quien acabas de conocer? O mejor, plantéatelo al revés: ¿Meterías en tu casa de golpe a un perfecto desconocido? No, ¿verdad? Por eso está bien que, durante las primeras visitas, te alojes en territorio neutral, y si por lo que sea la cosa va de puta madre y hacéis el amor la primera noche, pues mucho mejor… pero no cuentes con ello. Y el esfuerzo… es tremendo: hay que cuidar cada detalle, cada palabra, apostar de lleno por el proyecto… No es nada fácil, te lo aseguro.
Cuidado con los regalos: al principio, sobre todo, te puede la ilusión, quieres que la otra persona se sienta amada, querida, apreciada… ¿Y qué mejor manera de demostrarlo que con una avalancha de regalos? ¡Craso error! Pueden convertirse en la clave para garantizar el fracaso. Prima lo de calidad antes que cantidad, sencillez sobre lujo, y, SOBRE TODO, estar atento a los detalles y a los momentos.
Cosas que unen: señores míos, que el SEXO NO LO ES TODO. No es una base sobre la que se pueda fundamentar una relación de pareja, porque la atracción desaparece. Hay otras muchas cosas más: el CARIÑO, la CONFIANZA y el RESPETO son capitales. Sin estos tres elementos, no conocerás el Amor, sino el sexo guarro, insatisfactorio, y con fecha de caducidad.
El SEXO NO LO ES TODO. Hay otras muchas cosas más: el CARIÑO, la CONFIANZA y el RESPETO son capitales. Sin estos tres elementos, no conocerás el Amor.
Entrega absoluta: permite que incida en el SEXO. Cuando dos personas se aman de verdad, no hay ni pasado, ni futuro. Ni vas a estar pensando y comparando constantemente las dotes amatorias de tu actual pareja con las anteriores (¡Craso error!) ni mucho menos hablar de ellos constantemente, o ni siquiera de pasada. Fuera tabús: todo está permitido, mientras sea DESEADO y CONSENTIDO. Y atrévete a dar rienda suelta a vuestras fantasías, que no hay nada peor que el aburrimiento. Por último: BUSCA EL PLACER DEL OTRO POR ENCIMA DEL TUYO PROPIO. Suena difícil, ¿cierto? Bueno, pues se trata de algo fundamental. Adiós a los polvos de cinco minutos, o por compromiso. Las experiencias sexuales pueden prolongarse horas enteras, ya que comienzan mucho antes: con las caricias mientras paseas por la calle, las miradas cómplices, los besos robados, el roce de los cuerpos en el cine, preparar juntos la cena o escoger el restaurante, la selección de la serie o peli que veréis en Netflix, una ducha relajante juntos… ¿Me vas entendiendo? ¡Que tienes cinco sentidos, disfrútalos todos con tu pareja!
No corras: no vale de nada hacer grandes plans de futuro de golpe, empezar a pensar en el nombre de los hijos, los metros de la casa, el coche que os gustaría comprar o la parte del sueldo que tendréis que dedicarle a la Hipoteca. Empieza por lo pequeño, lo cercano, el hoy: lo que vais a hacer esta noche, el próximo fin de semana, quizás unas cortas vacaciones, ese viaje (a ser posible barato) o esa escapada romántica de fin de semana que tanta ilusión os hace… Y luego habrá tiempo para el resto.
Respeta el territorio del otro: ¡Ni se te ocurra instalarte de golpe en la casa del otro! Lo ideal, cada uno en su casa, al menos al principio, para ver cómo funcionan las cosas. Que hay pocas cosas más tristes que, después de un tiempo, darte cuenta de que convives, ya sin solución, con un perfecto desconocido, que encima deja sus calcetines sucios en el suelo de la cocina, o mucho peor, las bragas sobre el sofá del salón (ojo, que eso nunca me ha pasado).
Si DUELE, ahí no es: si de repente, o poco a poco, empiezas a notar que han desaparecido las tres cosas esenciales, el RESPETO, la CONFIANZA, y el CARIÑO, prepárate a hacer las maletas. Es necesario hablarlo, decir lo que sientes, expresarte con libertad, negociar incluso. Pero si todo lo demás fracasa, vete.
No estires el chicle: hay que saber aceptar que has alcanzado el punto de no retorno, y actuar en consecuencia. Lo ideal, hablarlo tranquilamente, pero si esto no es posible, incluso un mensaje de WhatsApp escrito desde el mayor de los respetos y con suma claridad es suficiente.

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