La segunda jornada de la 71.ª edición de la Seminci pone el foco en las miradas noveles con Una familia, una ópera prima fallida pero entusiasta de Ricardo Gómez, y La Gradiva, un deslumbrante y sensible retrato de la adolescencia firmado por Marine Atlan.
Por Jorge Alonso Curiel
Valladolid – La jornada del sábado de la 71.ª Semana Internacional de Cine de Valladolid nos acercó a dos óperas primas: Una familia, del actor y director español Ricardo Gómez, y La Gradiva, de la cineasta francesa Marine Atlan. Dos debuts cinematográficos que formaron parte de una jornada en la que la Sección Oficial reunió también otras propuestas, como Woman Unknown y I rarely wake up dreaming.
El cine de debut no busca la perfección técnica absoluta, sino la urgencia de una voz propia que pide ser escuchada por primera vez en la gran pantalla».
Una familia: debut de Ricardo Gómez como director
Proyectada fuera de concurso, Una familia supone el debut en la dirección de largometrajes de Ricardo Gómez, conocido por su trayectoria como actor, sobre todo en la serie Cuéntame. Para construir esta historia, el cineasta partió de sus propios orígenes familiares y de conversaciones con sus familiares, especialmente con su madre, aunque transformó esos recuerdos y experiencias en una obra de ficción. Una propuesta que nace, por tanto, de un acercamiento personal a la memoria familiar.
Hay que reconocer el entusiasmo y las ganas de Ricardo Gómez en esta primera incursión en la dirección. La película comienza con un plano secuencia interesante, bien rodado, que despierta la curiosidad del espectador y hace pensar que estamos ante una propuesta que puede dar bastante de sí. Sin embargo, a partir de ese comienzo prometedor, la cinta se va desinflando poco a poco, pierde fuerza y acaba deshaciéndose sin conseguir mantener el interés de los espectadores.

El principal problema está en la incapacidad del director para insuflar a la historia el peso dramático y la profundidad necesarios. El argumento, que ya resulta bastante plano de partida, no encuentra en la puesta en escena ni en el desarrollo narrativo los elementos que podrían enriquecerlo. La película no termina de crecer ni de implicar en lo que cuenta.
Se agradece, eso sí, la banda sonora, que recupera canciones de los años ochenta y noventa y aporta un atractivo añadido a la ambientación de la historia.
Se esperaba más de este debut de Ricardo Gómez. Su entusiasmo y sus ganas son evidentes, pero no bastan para sostener una película que no levanta el vuelo y termina dejando una sensación de oportunidad desaprovechada. Una familia es una cinta inmadura, la obra de un director que tiene mucho que mejorar para encontrar una voz cinematográfica propia, aunque ya se apunta.
La Gradiva: un retrato lleno de verdad de la adolescencia
La Gradiva, de la directora francesa Marine Atlan, es una de ellas. Su primer largometraje de ficción destaca por la naturalidad con la que describe el mundo juvenil y las sensaciones de unos adolescentes que atraviesan una etapa de descubrimientos, inseguridades y cambios.
La película está muy bien dirigida e interpretada. Atlan demuestra una especial sensibilidad para observar los comportamientos, los gestos y las emociones de sus personajes. Su mirada es sensual y sensorial, atenta a los cuerpos, las miradas y las sensaciones que acompañan el despertar adolescente. A través de un relato coral, la directora construye una historia que transmite mucha verdad y capta con naturalidad las inquietudes, los deseos y las contradicciones propias de esta etapa de la vida.

También sobresale la cuidada puesta en escena, con una fotografía que acompaña y enriquece la mirada de la cineasta. La película encuentra buena parte de su fuerza en esa atención a los detalles y en su capacidad para captar las emociones de los jóvenes, sus relaciones y su manera de enfrentarse al mundo.
La Gradiva es un gran retrato de la adolescencia. Una película sensible, bien dirigida y magníficamente interpretada, que demuestra que para hablar de los jóvenes solo basta con observarlos de cerca, atender a sus sentimientos y permitir que sus propias vivencias hablen por sí mismas.
Mañana, más.
