Entre algoritmos y conciencia, una invitación urgente a recuperar el control del pensamiento humano frente a la automatización que todo lo acelera.
Por Claudia Benitez
HoyLunes – Recibí un comentario al artículo de la semana pasada, en el cual me hablaban de lo importante que es el pensamiento crítico y de cómo este constituye una defensa ante la obsolescencia del pensamiento que el mundo actual impone. Es necesario continuar con el análisis de nuestra situación, tratando de integrar en nuestra reflexión una serie de preguntas que nos permitan la construcción de un pensamiento crítico, capaz de convertirse en esa defensa.
La inteligencia artificial está presente en todos los espacios de nuestra vida cotidiana, por simples que parezcan. Desde nuestro teléfono portátil, la aspiradora o la alarma de la casa, la IA se ha integrado en la vida diaria, tal como lo hicieron en su momento la radio, la televisión o la lavadora. Ha entrado en nuestra vida sin previo aviso, facilitándonos las tareas al punto de que hoy es uno más de nuestros utensilios. Ya no pensamos en cómo llegamos a crearla ni en cuál es su propósito. No nos detenemos a reflexionar sobre la manera en que influye en nuestra posición en el mundo y afecta nuestra integridad.

Las tecnologías atraviesan todos los aspectos de nuestra vida y hoy la pregunta resuena en la mente de todos: ¿hasta qué punto ya no son herramientas que utilizamos, sino estructuras que nos utilizan?
¿Ya no somos quienes dirigimos la evolución tecnológica, sino que nos estamos transformando en las herramientas que la tecnología usa para evolucionar?
¿Pero es esa la pregunta adecuada? ¿Está bien formulada? Cuando creamos un objeto, llega un momento en que ese objeto adquiere su propia existencia y cobra vida, inicia su propio ciclo. Hoy vemos cómo las construcciones humanas gozan de una existencia más prolongada que la de quienes las crearon. La historia nos ha mostrado cómo las consecuencias de nuestras creaciones nos exceden, pues su uso no depende del “creador”. Nos encontramos en el mismo paradigma del conocimiento de la fusión y fisión nuclear y sus consecuencias: solo vemos los inconvenientes a posteriori. No tenemos control sobre los efectos y evitamos reflexionar sobre ellos. Repetimos los mismos comportamientos, sin aprender de la historia.

Hoy debemos pensar no solo en la construcción de la inteligencia artificial —aunque esté presente en cada acto y comunicación que tenemos—, sino también en el hecho de que, al crearla, hemos llegado a imaginar que posee la capacidad de auto alimentarse y volverse autónoma.
Más que temer al producto, debemos cuestionarnos sobre el creador de ese producto y sobre su usuario, sobre la conciencia que ambos tienen del objeto y de las consecuencias de su uso. ¿Cómo la automatización ha transformado el trabajo? ¿Cómo ha transformado el consumo?
Tenemos más herramientas, hemos dejado atrás tareas repetitivas y ganamos tiempo gracias a la automatización. Sin embargo, ni siquiera los expertos saben con certeza cuál será el verdadero impacto de esta evolución sobre el talento humano en una sociedad frenética que crece día a día.
No se sabe dónde trazar los límites, ni qué tan profundos pueden ser los efectos negativos de esta evolución tecnológica.
En medio de esta incertidumbre, los profesionales especialmente los ingenieros y quienes trabajan con tecnología— deben volver la mirada hacia lo humano, lo social y lo ético.

Delegar nuestro talento y nuestra producción intelectual a la facilidad productiva de la IA es llevar nuestro pensamiento a su obsolescencia.
Apoyarnos en esta tecnología y utilizarla con plena conciencia de los límites que queremos imponerle es un primer paso para recuperar y equilibrar el ritmo de las cosas y de retomar el “control” en esta evolución que, por momentos, parece no tener freno.

#hoylunes, #claudia_benitez





