Libros que nadie lee y autoras que no hacen ruido: Redescubriendo ‘Y abrazarte’, de Clara Asunción García

Sobre los libros olvidados y la literatura que sigue ahí, esperando a ser leída.

 

Por Nuria Ruiz Fdez

HoyLunes – Estaba ordenando mi biblioteca el otro día cuando apareció un libro que llevaba años en silencio, agazapado entre otros. No estaba escondido, ni siquiera perdido, simplemente olvidado.‘ Y abrazarte’, de Clara Asunción García. Ahí estaba, discreto, sin reclamar atención, como ese amigo al que nunca llamo, pero que sé que me sigue esperando, pues igual.

Lo había dejado de lado hace tiempo, alguien me lo regaló, no recuerdo quién ni cuándo, pero como el amor no es un tema que me atraiga de nunca, lo dejé reposar y lo olvidé. Al abrirlo ahora, sin ninguna expectativa y hojearlo, me sorprendió. Dejé de adecentar mi librería y comencé a leer. Descubrí una antología de relatos con esa cosa del amor dando la tabarra, donde reúne historias en las que el corazón tiene la primera y la última palabra en las vidas de sus protagonistas.

Entre Polvo y Promesas.

Todos los relatos están interconectados entre sí a través de distintas situaciones, como son la pérdida del ser amado, las segundas oportunidades, el proceso del enamoramiento o el paso del tiempo, que funcionan a modo de puntadas que van hilvanando la obra.

No es que reniegue de las lecturas románticas. No lo hago. Aunque, como lectora, no me interesa especialmente el amor como tema central. Pero ‘Y abrazarte’ lo leí desde otro punto de vista: siete relatos breves, distintos entre sí, que se leen casi sin darse cuenta, como quien cruza una habitación de puntillas. Cada uno con su pulso, su respiración propia, su intensidad medida. No hay relleno. No hay alardes. Se nota que hay oficio y eso me atrae. El oficio de la mujer escritora.

Y entonces pensé en todos los libros que no leemos porque pensamos que no valen, o no nos van a gustar, o el escritor no nos interesa por esto o lo otro; libros que no llegan a nuestras manos porque no tuvieron una buena campaña publicitaria, porque no estaban en el escaparate adecuado, porque su autora no entró en el circuito correcto o porque, sencillamente, parecían haber pasado de moda antes incluso de nacer. Como si la literatura tuviera fecha de caducidad.

Y pensé, sobre todo, en las escritoras. En tantas que conozco. En las que escriben desde siempre. En las que lo hacen de madrugada, entre trabajos, hijos, cuidados, cansancio.

En las que guardan sus textos en un cajón no porque no crean en ellos, sino porque dudan de sí mismas, porque el juicio ajeno a veces pesa más que la necesidad de transmitir emociones. Textos que esperan.

Textos que no gritan. Textos que confían en un “más adelante, ahora no es el momento”.

Pero el oficio de escribir, es el oficio de saber exponerse, saber desnudarse, saber que vamos desarmadas. Es reconocer al público que “así soy para bien o para mal”, “así siento, guste o no”. Por eso hay tantos libros que no llegan a nacer, tantas historias que se quedan a medio camino, tantas autoras que piensan que lo suyo “no es suficiente” o se avergüenza ante la piel desnuda de su libro, abierto, en manos de otros. Como si el valor de una obra estuviera sujeta, siempre, a una validación externa o de un sello editorial.

Y después recordé a esas otras escritoras: las autoras locales, las que se recorren librerías de su pueblo o de su ciudad con una bolsa llena de ejemplares. Las que se exponen, las que tiritan ante una crítica, las que colocan su libro en estanterías compartidas, las que organizan presentaciones y firman con ilusión sincera. Las que sonríen aunque sepan que, más allá del círculo cercano, su obra apenas llegará a unos pocos.

Voces que No Gritan.

Cada una de ellas es un acto de resistencia.

Porque escribir y, además, conseguir publicar, sin reconocimiento masivo, es una forma de valentía que no siempre sabemos valorar.

‘Y abrazarte pertenece’ a esa otra liga silenciosa. Porque lo que seduce del libro no es lo que cuenta, sino cómo lo cuenta. Clara Asunción maneja la narrativa breve con una precisión quirúrgica: sabe dónde empezar, dónde cortar, dónde callar. En sus relatos, cada palabra parece haber pasado por un filtro de necesidad. Nada sobra. Nada explica de más. Los silencios también dicen mucho en esta obra.

La narrativa breve tiene algo de relojería fina. No permite distracciones. No admite trampas. O funciona o se rompe. Y aquí funciona. Porque hay atmósferas, hay emociones reconocibles, hay escenas que se quedan vibrando cuando cierras el libro. No por grandilocuentes, sino por exactas.

Leer este tipo de libros es reaprender a mirar de cerca. A no exigir fuegos artificiales. A disfrutar del gesto mínimo bien hecho. A recordar que la literatura no necesita mil páginas para dejar huella. A veces basta una frase colocada en el sitio justo. Esta antología fue finalista en 2017 de los Premios Guillermo de Baskerville, de Libros Prohibidos ¿alguien lo sabía? ¿Alguien la conoce?

Recuperar estas voces cuasi anónimas —leerlas, nombrarlas, recomendarlas— es una forma de reivindicar la literatura desde abajo, desde lo cotidiano, desde lo que no sale en las listas ni en los suplementos culturales. La literatura femenina no vive solo en los grandes nombres, en las autoras consagradas que todos citamos (y que, por supuesto, merecen estar ahí). Vive también en estos libros que esperan en una librería polvorienta a que una mano amiga los recoja.

Libros que alguien dejó en una estantería pensando “ya lo leeré”. Libros que no entraron en la conversación porque nadie los puso en circulación. Libros que parecen pequeños y, sin embargo, contienen mundos alucinantes.

El Valor de la Resistencia.

Cada lector que se acerca a ellos rompe un poco ese silencio. Cada lectura es una forma de rescate. Abrir ‘Y abrazarte’ hoy ha sido eso: un gesto mínimo contra el olvido. Una manera de recordarme que no todo lo valioso brilla a primera vista, que hay que saber detenerse, abrir y leer sin prisa.

Porque la riqueza de la literatura femenina no está solo en lo visible, sino en lo persistente. En esas voces que siguen escribiendo aunque no sepan quién las leerá. En esas autoras que no piden permiso para publicar. En esos libros que, cuando por fin los abrimos, nos miran como diciendo: ya era hora.

Y entonces entendemos que el olvido no siempre es un final. A veces es solo una pausa.

Un libro cerrado esperando el momento justo. Como este. Como tantos otros.

Nuria Ruiz Fdez. — Escritora
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Un comentario sobre «Libros que nadie lee y autoras que no hacen ruido: Redescubriendo ‘Y abrazarte’, de Clara Asunción García»

  1. Muchísimas gracias por tus preciosas palabras, Nuria, tanto en lo que respecta a mi antología de relatos como a lo que dices acerca de las escritoras «que no hacen ruido». Una reflexión acertadísima y directa al corazón.
    Un abrazo mediterráneo inmenso desde ese silencio construido a base de palabras susurradas sobre el papel. 😉
    Clara Asunción García

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