El verano promete deseo. El cuerpo, a veces, responde con agotamiento

Conversaciones sobre calor, biología y esa frustración íntima que muchas parejas interpretan erróneamente como desamor.

 

 

Por Ehab Soltan

HoyLunes — La segunda parte de la cena en Madrid comenzó cuando ya nadie prestaba demasiada atención a los platos. El calor seguía pegado a la terraza incluso después de medianoche, y la charla había empezado a volverse más lenta, como si el verano también agotara las palabras.

La Dra. Amira Mansour, especialista en envejecimiento biológico y salud metabólica, acababa de terminar una historia sobre sueño y temperatura corporal cuando me lanzó una pregunta inesperada:

¿Y tú? ¿Por qué no has preguntado nada sobre el calor?

Sonreí.

En realidad sí tengo una pregunta. Solo que no sé cómo soltarla.

Ella levantó una ceja, divertida.

Eso es raro en alguien que vive escribiendo.

Me apoyé en la silla y finalmente me atreví:

¿Por qué el verano promete deseo sexual… pero tantas veces el cuerpo parece ponerse en contra?

La doctora soltó una carcajada breve.

¿Sabes cuántas veces escucho esa pregunta cada junio? Muchísimas. Sobre todo de parejas que esperaban sentirse más unidas durante las vacaciones y terminan irritadas, cansadas o confundidas.

Hizo una pausa.

El problema es que la cultura nos vende un verano erótico. Pero el cuerpo humano, por pura biología, muchas veces está intentando sobrevivir al calor, no enamorarse dentro de él.

La gran contradicción del verano moderno

La imagen que tenemos del verano es poderosa: playas, piel bronceada, viajes, cuerpos ligeros, noches largas. Todo parece puesto ahí para el deseo.

Pero nuestra biología no entiende de campañas publicitarias.

El calor extremo obliga al organismo a elegir dónde pone sus esfuerzos —explicó Amira mientras giraba lentamente la copa entre sus dedos—. Cuando el cuerpo siente estrés térmico, su prioridad deja de ser el placer. Empieza a centrarse en enfriarse, guardar agua, regular la presión y evitar que el motor interno se rompa.

Y entonces entendí algo incómodo: mucha gente cree que tiene un problema emocional o de pareja cuando, en realidad, está viviendo una respuesta física completamente normal.

Porque el deseo humano no nace solo de la atracción. Nace también de la energía que nos sobra.

Y el verano de hoy nos consume casi toda.

Hay noches de verano en las que el cuerpo duerme… pero nunca consigue recuperarse del todo.

El cuerpo agotado no interpreta el romance igual

La gente no se imagina lo agresivo que puede ser el calor —continuó ella—. No hace falta que te dé un golpe de calor para que el organismo empiece a sufrir.

El calor que no da tregua lo altera todo a la vez:

arruina la calidad del sueño,

nos deshidrata sin darnos cuenta,

dispara el cortisol,

rompe la recuperación de los músculos,

nos pone de mal humor,

y obliga al corazón a trabajar el doble.

Es muy difícil sentir deseo cuando tu sistema nervioso lleva horas intentando no tirar la toalla energéticamente.

Entonces soltó una observación que me dejó pensando:

Muchas parejas creen que el problema es sexual. A veces el problema es puramente metabólico.

No todos los cuerpos viven el verano de la misma manera

La doctora insistió mucho en este punto:

Uno de los grandes fallos de los medios es hablar del calor como si nos pegara a todos por igual.

Y no es así.

Personas delgadas

Los cuerpos con poca grasa suelen perder líquidos antes y pueden sentir fatiga muy pronto, estar más irritables o tener bajones de energía fuertes cuando el sol más aprieta. A menudo siguen con un ritmo de vida alto cuando el cuerpo ya está pidiendo la hora.

Personas con sobrepeso

Aquí pasa algo distinto. El tejido adiposo funciona como un abrigo natural. Al cuerpo le cuesta horrores soltar el calor interno. Eso significa más inflamación, un descanso nocturno fatal y un agotamiento que no se va.

Piel clara y piel oscura

La piel clara suele sufrir más con la radiación directa y el estrés solar. La piel oscura tiene más aguante frente a ciertos daños del sol, pero eso no la hace inmune al agotamiento por calor ni a esa deshidratación que no avisa.

A los 30

El cuerpo todavía aguanta el tirón. El problema es que muchos se creen invencibles y fuerzan la máquina más de la cuenta.

A los 40

Empieza a costar más tolerar esas noches de sueño interrumpido y el estrés térmico que se va acumulando. El cansancio ya no se quita tan rápido.

Después de los 50

Aquí el calor puede descolocar mucho más el equilibrio interno. Cambia la forma en que sentimos la sed, cómo se recuperan los músculos y la fuerza del corazón. Mucha gente piensa que “ha envejecido de golpe” en agosto, cu

ando parte de la culpa es térmica y metabólica.

Personas con enfermedades crónicas

La diabetes, la tensión alta, la ansiedad o los líos hormonales cambian por completo las reglas del juego frente al calor.

Y eso toca de lleno al deseo, al ánimo y a las ganas de disfrutar —dijo ella—. No porque la persona “quiera menos” a su pareja, sino porque su organismo no tiene más de donde sacar.

No todos los silencios en verano hablan de falta de amor. Algunos hablan simplemente de cansancio biológico.

Entonces… ¿por qué hay gente que sí siente más deseo en verano?

Amira sonrió.

Porque el deseo también está en la cabeza y en lo que nos rodea.

Tener más luz solar nos pone de mejor humor. Salimos más, hay menos ropa de por medio, más tiempo libre y esa dopamina que viene con las cosas nuevas.

El lío viene cuando lo que esperamos del verano es mucho más de lo que la energía real del cuerpo puede dar.

Ahí es donde nacen las frustraciones que no se dicen.

Personas que se sienten culpables.

Parejas que piensan que hay distancia emocional.

Mujeres que creen que se les ha apagado algo por dentro.

Hombres que confunden el cansancio físico con falta de masculinidad.

Y casi nadie les cuenta que el cuerpo humano no se lleva bien con el estrés del calor constante.

El deseo también depende de cómo comemos, descansamos e hidratamos al cuerpo que intenta sobrevivir al calor.

“Lo importante no es solo entenderlo. Es saber qué hacer”

Le recordé lo que ella misma soltó al principio de la cena.

Te pedí soluciones, no solo una clase magistral.

Ella asintió.

Exacto. Porque esto no se arregla con sustos ni con pastillas mágicas. Se arregla ayudando al cuerpo a que deje de pelearse contra el verano.

Y entonces empezó a darme consejos que eran, curiosamente, de lo más sencillo.

Lo que más machaca la energía íntima en verano

Dormir en habitaciones que son un horno

El cuerpo necesita que baje la temperatura para arreglarse por dentro mientras dormimos. Si eso no pasa, el cerebro se levanta inflamado y por los suelos.

El alcohol de noche día sí y día también

Muchos piensan que ayuda a soltarse. En verano suele traer más deshidratación y destroza el sueño y las hormonas.

Cenas pesadas y muy tarde

Obligas al cuerpo a gastar energía haciendo la digestión justo cuando debería estar enfriándose y descansando.

Pasarse con el azúcar y la comida rápida

Aumentan la inflamación, los picos de azúcar y esa sensación de estar aplatanado.

El aire acondicionado a tope

No siempre ayuda a descansar. A veces crea un estrés térmico constante: el calor de la calle, el frío del interior, y vuelta a empezar.

El cuerpo acaba viviendo en un estado de alerta permanente.

Entonces… ¿qué funciona de verdad?

La doctora contestó casi de carrerilla.

Comer para refrescar, no para atiborrarse

Más:

frutas con mucha agua,

verduras frescas,

proteínas que no pesen,

yogur natural,

pescado,

aceite de oliva,

cosas ricas en potasio y magnesio.

Menos:

copas a todas horas,

 fritangas,

dulces en exceso,

comilonas antes de ir a la cama.

Cambiar los horarios

El cuerpo agradece mucho más la intimidad cuando no tiene que pelear contra los 40 grados de las cuatro de la tarde.

Recuperar el sueño de verdad

No hay deseo que valga si el cerebro no ha descansado.

Quitarnos presión de encima

Y aquí dijo lo que seguramente era la clave de todo:

Mucha gente se amarga el verano intentando vivir la película que le han contado que debe ser el verano.

Hubo un silencio.

El cuerpo humano no está para rodar escenas perfectas. Necesita sentirse seguro, tranquilo y con las pilas cargadas.

De lo que casi nadie habla

Antes de despedirse, Amira soltó una frase que me dio vueltas toda la noche.

A veces las parejas creen que han perdido las ganas de estar juntas. Y lo que de verdad han perdido es el descanso.

Miré la terraza ya vacía.

El calor seguía ahí, flotando sobre Madrid.

Y pensé en toda esa gente que llega a septiembre pensando que su problema es de sentimientos o de amor, cuando a lo mejor su biología solo llevaba semanas pidiendo a gritos algo mucho más humano:

agua,
sueño,
un respiro,
menos jaleo,
menos exigencias,
y un cuerpo al que, por fin, se le deje de obligar a sobrevivir para que pueda volver a disfrutar.

 

#SaludBiológica #Verano #DeseoSexual #EstrésTérmico #Sueño #Hormonas #HoyLunes #EhabSoltan

Related posts

Leave a Comment

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad