El punto de encuentro entre arte y ciencia: cómo la resiliencia climática y los valores del bien común transforman la gobernanza local y sanan el territorio.
HoyLunes – José Segarra Murria es una de esas personas que entienden la crisis climática no solo como un reto técnico, sino como un punto de encuentro entre ciencia, sociedad y formas de vida. Su trayectoria combina formación en Ciencias Ambientales e Ingeniería Civil por la Universidad Politécnica de Valencia y un Máster en Gestión de la Ciencia y la Innovación, con una carrera profesional marcada por la búsqueda de soluciones en ámbitos como el agua, las energías renovables, la valorización de subproductos y la innovación ambiental, siempre desde la mirada del equilibrio ecológico y la justicia social.
Desde 2021, su compromiso ha trascendido el ámbito profesional para situarse también en el plano europeo: es uno de los 15 miembros del Mission Board para la Adaptación al Cambio Climático de la Comisión Europea y también Embajador del Pacto Europeo del Clima. Pero su aportación no se limita a los espacios institucionales. También ha sido uno de los impulsores de Cresol, un proyecto nacido de la unión entre perfiles artísticos y científicos que busca tender puentes entre arte y ciencia para imaginar y construir un mundo más sostenible, solidario y justo.
Por eso, no es nada raro que esa asociación sea una de las organizaciones que adhieren de forma activa a la Asociació Valenciana per al foment de la Economia del Bé Común (AVEBC). Los valores que practican e impulsan coinciden totalmente con los que propone la Economía del Bien Común para construir un mundo más justo.
En los últimos años, su trabajo se ha orientado con fuerza hacia la educación y la concienciación climática, explorando nuevas narrativas que combinan creatividad, participación ciudadana y acción colectiva. En esa intersección entre lo técnico y lo humano, entre lo urgente y lo posible, se sitúa esta conversación.

COMENZAR JUGANDO A…
¿Cómo y por qué nace Cresol? ¿Quiénes están detrás del proyecto?
Cresol nace en 2015 como una colaboración entre amigos, una serie de compañeros, de amigos profesionales. Decidimos juntarnos, unos con un perfil más artístico, otros con un perfil más científico, más técnico, con el fin de unir esas dos componentes, arte y ciencia, para poner nuestro granito de arena para conseguir un mundo más social, más solidario y más sostenible.
Esos eran los tres pilares que se buscaban. Realmente Cresol empezó como una colaboración, más casi como un hobby que como un trabajo. Porque cada uno de nosotros ya tenía su propio trabajo, su propia carrera profesional.
De aquella semilla, nació esta asociación que hoy tiene más de 10 personas trabajando directamente, además de otras personas socias y de la junta directiva que están alrededor y que también colaboran.
“Resiliencia climática”, sostenibilidad territorial y transformación social…
Sí, la verdad que resiliencia climática, sostenibilidad territorial, transformación social, es donde ahora nos estamos centrando. Partimos inicialmente del concepto del desarrollo solidario, sostenible y social, pero después de 10 años nos hemos ido especializando cada vez más en la resiliencia climática y social.

¿Cómo se traduce, en la práctica, el servicio que ofrecen?
Desde la asociación lo que hacemos principalmente es trabajar en dos líneas: educación ambiental y participación social con compromiso ciudadano.
Pensamos que son dos ejes fundamentales en los cuales podemos trabajar directamente con la ciudadanía, generando un impacto local real. Tratamos de ir más allá de la educación y la participación tradicional para alcanzar finalmente la acción efectiva que pueda generar realmente un cambio social.
¿Puedes dar un ejemplo concreto para visualizar su trabajo?
Construimos espacios de diálogo, espacios de tranquilidad, donde se pueda trabajar con una profundidad más intensa, para impactar en las personas. Desde una perspectiva más técnica, trabajamos en procesos participativos para, por ejemplo, diseñar planes de acción climática en municipios donde estén presentes distintos actores.
En la parte artística, por ejemplo, ahora estamos desarrollando un proyecto muy bonito en la zona afectada por la DANA. Un proyecto de teatro social, con elementos de psicodrama, donde participan personas afectadas por la tragedia de las inundaciones, para que, a través de ese teatro, puedan expresarse libremente y contribuir a su recuperación.
Los procesos que personalmente más me gustan son los que combinan la parte científica, técnica, con la parte artística. Creamos procesos como asambleas de diálogo, un espacio participativo donde trabajamos temáticas ambientales y utilizamos el arte como metodología para profundizar y reflexionar. Ese proceso se desarrolla en diferentes sesiones para conseguir una mayor transformación de las personas.

¿Qué tipo de clientes se acerca a Cresol?
El principal tipo de cliente de Cresol pueden ser los ayuntamientos. En este sentido buscamos un cliente con el cual podemos trabajar la gobernanza a través de las personas, como mencionaba a través de procesos participativos, asambleas o espacios de diálogo.
Esos retos municipales, locales, que se plantean, a nivel ambiental y social, se puedan trabajar desde esta dimensión. A través de la educación, la sensibilización, la participación, para llegar a la acción.

Espacios de diálogo y tranquilidad: Talleres grupales basados en la horizontalidad y en los valores del bien común para debatir soluciones frente a los retos ecosociales actuales.
EL VALOR ECONÓMICO DE LA RESILIENCIA
¿Está reñido el beneficio económico con la práctica empresarial de los principios de la EBC?
También hablamos del beneficio económico, que está totalmente conectado con los valores y principios de los que hablamos. Desde CRESOL trabajamos mucho el concepto de resiliencia climática, sobre todo para ayuntamientos, pero es un concepto que aplica también a empresas. Y esto debe entenderse como un beneficio económico directo.
Cuando hablamos de resiliencia y de adaptación al cambio climático, hay que recordar que, por cada euro invertido en prevención, en preparación, se puede conseguir hasta 15 euros en recuperación y reparación. Esto lo conocemos bien los valencianos después del episodio de la DANA de 2024.
Por tanto, si realmente estamos preparados, somos resilientes, a largo plazo eso nos va a dar unos beneficios económicos claros además de co-beneficios ambientales y sociales y esto también se refiere a todos los valores de la Economía del bien común.
¿Cuáles son los principales desafíos que encuentran como organización para operar?
El principal desafío actual de Cresol es consolidarse. Tiene más de 10 años desde que se creó, pero los primeros años operamos realmente como una asociación de amigos. Prácticamente no buscábamos una viabilidad empresarial o económica, sino que era más una asociación para trabajar inquietudes, dialogar, conversar, plantear alguna especie de colaboración.
Esos primeros años fueron como la base. Ahora estamos en un momento de crecimiento, con un equipo profesional y apostando por proyectos. El desafío reside ahí en consolidar lo que tenemos y expandirnos a nivel territorial, para tener más presencia en diferentes municipios.

LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN IMPREGNA EL ADN DE CRESOL
¿Por qué la EBC y no otro modelo alternativo?
Es curioso, porque en el 2015, cuando creamos la asociación, ya nuestros estatutos recogían que íbamos a trabajar por una economía del bien común, por los valores del bien común. Esto es destacable, porque apenas hacía 5 años que Christian Felber había publicado su libro y el grupo de personas que formábamos CRESOL, ya lo teníamos muy presente. Cuando creamos la asociación fue uno de los principales puntos dentro de los estatutos, con lo cual a partir de ahí ya todo ha sido seguir esa inercia.
¿Qué desafíos consideras que enfrenta el modelo de la EBC para seguir creciendo y fortalecerse?
Es una pregunta clave y complicada. El momento geopolítico que vivimos hoy en día todavía hace más complejo el poder definir cuáles son los desafíos. En este sentido, veo una dicotomía, una doble visión.
Por un lado, estamos en un mundo donde parece que todo se basa en la competitividad, la agresividad empresarial, incluso entre países. En la búsqueda de ese beneficio económico cortoplacista y muy centrado además en el petróleo, muy centrada en la rivalidad entre países y entre regiones. Todo eso parece que se aleja de la economía del bien común.
Pero al mismo tiempo es patente que existe en un momento de crisis global y parte de la solución la tenemos al alcance de la mano con los valores de la economía del bien común, con un modelo basado en el bien común.
Quizá el desafío está ahí: saber explicar, saber conectar y hacer entender que hay otras formas de hacer economía. Esta economía del bien común, que puede tener un recorrido mucho más estable, mucho más social, mucho más ambiental, mucho más justo para las personas.
¿De qué manera aplican los principios de la EBC en su funcionamiento organizacional?
Es algo que viene en nuestro ADN desde que se creó CRESOL, está muy presente en la organización. A partir de ahí lo trasladamos a todos los proyectos que ejecutamos. Y, por supuesto, quizás el mayor reto y lo más interesante es trasladar esos principios a las relaciones con diferentes actores: municipios, empresas, otras ONG y, en definitiva, con las personas.
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